Se creen los dueños de la calle y «patotean» todo el tiempo. Durante, los fines de semana, sobre todo por la noche, escucharlos o verlos es un caos infernal porque se apropian de las aceras y se enojan si uno los quiere sacar.
Están allí, sobre todo en los sitios de Palermo donde más movimiento turístico hay y, además, pasan información a sus pares para que roben en distintas veredas y calles.
Se creen «dueños y señores del barrio» y les dicen «trapitos». Son seres indeseables para los habitantes del barrio y, aunque los vecinos hagan lo imposible, es muy difícil erradicarlos, desde hace años.
En este caso particular, el delincuente callejero, fue denunciado y descubierto. Allí, el policía le labró el acta de contravención correspondiente.
Aunque muchos ciudadanos, por su falta de conocimiento, piensan que no mostrar la cara sólo es para proteger al detenido, el hecho es que esta práctica es de suma importancia para el proceso judicial que podría enfrentar el involucrado.
Cuando los cuerpos policiales realizan una intervención o allanamiento, los detenidos suelen ser sacados con sus rostros tapados o, en el caso de las imágenes, estos aparecen distorsionados. Algunas personas consideran que las caras deberían ser expuestos al público. Sin embargo, esta práctica conlleva objetivos específicos.















