A través una persistente postal de la Ciudad, en la intersección de las calles Pasaje Santa Rosa y Thames, en el barrio de Palermo, se ha enquistado una ranchada de indigentes que duermen, orinan, defecan, y comen todos los días allí, como si pagaran alquiler por transitar el día.
El grito de los vecinos desesperados, para que se erradique tal estampa, no es nada más ni nada menos que una imagen reiterada de tres, a veces cuatro, cinco, o seis personas, que pernoctan cotidianamente.
Rutina diaria
En la foto diaria, los indigentes guardan su ropa en un gabinete diseñado para válvulas o medidores del gas. También, en la esquina, a pocos metros de Uriarte, se abastecen de agua, a través de una canilla que petenece a una casa lindera donde ellos no solo beben sino que también se bañan y hasta tienen relaciones sexuales.
Todo sucede allí, día a día, mientras los vecinos ya no saben qué hacer para terminar de una vez esta triste realidad que causa angustia porque, los necesitados, son gente agresiva que, al menor atisbo de una mirada, amenazan como si fueran los dueños del barrio.
Se retiran
Por la noche de los Jueves, ya comienza ha emerger más gente de ese mismo grupo. Ellos son los trapitos, que se disponen a robar el dinero a los que llegan y estacionan allí poque ya comienza el movimiento de los bares que abren sus puertas. Los mismos argumentan que sólo «trabajan», y en el verbo mismo ocultan la delincuencia de extorcionar a los turistas que estacionan en la calle Santa Rosa.
Llegó la Policía
De pronto, el grupo de WhatApp de los vecinos, el cual Lucía Carew administra, estalla de nuevo y se eleva la denuncia, una vez más, para que la policía se acerque y los desarraigue. Luego, los moviles policiales hacen acto de presencia, el grupo se retira, los efectivos continúan su trabajo y los indigentes se instalan de nuevo, como si nadie los hubiese sacado.
Vereda ocupada
Pronto, una vecina expresa: «Otra vez volvieron… Todo es una mugre, inseguridad, y siguen ahi…Tengo que llegar más tarde para evitar su hora de madrugada de agresiones y gritos frecuentes».
Posteriormente, un vecino de la cuadra, se queja otra vez: «De nuevo volvieron. Esto es ahora (Dice mientras postea sus fotos) Que quede claro que es en Santa Rosa y Thames. Otra vez hicieron sus necesidades en la vereda !!» Continúa. Todo se postea, en el grupo de vecinos, incluído materia fecal en imagenes.
Al rato, Lucía Carew dice: «Notifico. Envío móvil al lugar», y va el patrullero de nuevo.
Vuelve la Policía
Zona despejada
En paralelo, desde el balcón de otro vecino se escucha, mientras los invasores expresan: «Ya vino la gorra, ¿y ahora a dónde vamos a domir? No sé, fisura, decime vos…» Contesta otro mientras van gritando por la acera. Así dan vueltas hasta que regresan a Santa Rosa y Thames y se instalan otra vez.
Más tarde un pasante cruza la vereda y sin pecatarse de la gente, pisa a uno de ellos, a lo que se escucha «¿Idiota, no te das cuenta que estamos acá?»
Otra vez la usurpación
La tarjeta ilustrada es una pesadilla donde los vecinos conviven con gente en situación de calle, a veces agresiva. Se comprende la crisis económica actual pero hasta cuándo uno deberá soportar la convivencia con gente extraña que se adueña de la vereda y hasta amenaza a los propios propietarios o inquilinos del lugar como si fueran ellos mismos los dueños de la calle.




















