
La estatua de Caperucita en el Parque Tres de Febrero, afincada dentro del predio y en centro de uno de los lagos más hermosos como el Victoria Ocampo y el Rosedal, no son novedad pero nadie ha dicho nada sobre sus adorables zapatitos blancos. Esa niñita, con carita de ángel que yace allí perpleja en medio del bosque, se entrelaza con las agazapadas patas de un lobo, con forma de cordero, enredada a su cuerpito angelical.
De pronto, sus zapatitos blancos, se entierran en su propia base, y con su sombrerito (estilo cofia) mira tímidamente hacia la tierra del parque en Palermo.
Alguien ha pintado sus labios de color rojo, como si quisieran que esa pequeña muestre alguna imagen adulta de mujer, pero Caperucita continúa con su canastito lleno de frutillas y algún que otro brotecito que, tal vez, recogió al costado del Jardín Japonés.

Caperucita, allí está en un sector de la Plaza Sicilia (Av. Sarmiento casi Av. del Libertador). La escultura de esta famosa niña de cuentos ofrece un paisaje original en el panorama de las esculturas. Fue realizada por el escultor francés Jean Carlus y comprada por la Municipalidad de Buenos Aires en 1937. Originalmente se instaló en la Plaza Lavalle, hasta 1972, cuando se la trasladó a su ubicación actual, nada menos que un bosque, como aquel de fantasía de donde surgía el temerario lobo.
Y como si eso fuera poco, y si tuviera ganas de jugar, Caperucita tiene a sus espaldas la calesita en su propio bosque.
Son imágenes de la Ciudad.
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Caperucita Roja en Palermo
















