
El uso del barbijo o, tapabocas, (mal expresado por algunos médicos o funcionarios del Gobierno ya que no sólo debe tapar bocas sino naríz también), hoy trae una serie de consecuencias negativas en los seres humanos. Sobre todo cuando se utilizan de modo prolongado.
En un interesante artículo, el diario La Prensa explica que, entre los principales resultados, el relevamiento mostró que el 56% de los encuestados reportó inconvenientes con el uso del barbijo y el 59% se sintió perjudicado por usarlo. Los participantes que se sintieron afectados describen los siguientes síntomas derivados de su utilización: sensación de ahogo (74%), dolor de cabeza (67%), irritabilidad (60%), cansancio (55%), fatiga (52%), picazón en la cara (52%), dificultad para comunicarse (48%), malestar emocional (41%), trastornos visuales (39%), mareos (32%), palpitaciones (32%), trastornos de la concentración (31%), angustia (28%), trastornos de la coordinación (24%), tos (20%), miedo (16%), y pánico (13%), entre otros. La encuesta también reveló que al 15% de los que respondieron el uso del barbijo le agravó alguna condición médica preexistente como asma, alergia, EPOC o enfisema.

1-Predisponen la aparición de infecciones en el usuario y terceros, ya que facilitan la transmisión de patógenos cuando se usan repetidamente sin una esterilización adecuada, al mismo tiempo que permiten la auto-colonización del portador con microorganismos.
2- Disminuyen la calidad del aire inspirado (presión parcial inspirada de oxígeno) pudiendo con su uso crónico condicionar hipoxia intermitente desencadenando múltiples enfermedades y/o agravando enfermedades preexistentes como cáncer, aterosclerosis, enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfisema y asma, entre otras.
3- Síntomas físicos y psicológicos indeseables como cefaleas, alteraciones cutáneas faciales (ronchas, descamación, prurito, etc.), sensación de ahogo, cansancio, trastornos visuales, mareos, somnolencia, etc. y en el espectro psíquico se observa angustia, miedo, ansiedad y dificultad en la comunicación, entre otros.

Por otro lado, la Fundación Favaloro argumenta que no se trata de que respiremos mal, sino que con el barbijo cambian dos aspectos claves de la respiración . “Cuando uno evalúa la respiración tiene que tener en cuenta tanto la calidad del aire inspirado como el confort respiratorio”, señala Juan Ramón Curi, jefe de Otorrinolaringología de la Fundación Favaloro y presidente de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA). No es lo mismo cuando uno se siente cómodo respirando por la nariz, por ejemplo, si sale a la calle o va a un parque, que inspira aire fresco, que cuando tiene una máscara que le cubre la cara.
Otro aspecto que modifica nuestra respiración es que debemos superar la resistencia que pone la tela al pasaje del aire. “El esfuerzo respiratorio es mayor y eso produce incomodidad. El material con el que están hechos los barbijos también incide. Obviamente, si respiramos a través de un tul no tendremos inconveniente, pero no cumple con la función deseada”, explica Elisa Behrmann, médica neumonóloga del Hospital Alemán .

Según el Dr. Cahn remarcó (Sic El Popular) que ni siquiera el personal de las fuerzas de seguridad debería usar barbijo y que en los hospitales se tienen que utilizar cuando tratan a un paciente con síntomas respiratorios. «Ahí tienen que usar el barbijo quirúrgico o común, el más finito. El N95, que es 50 veces más costoso, se justifica sólo con procedimientos invasivos», puntualizó.
En ese sentido, recomendó: «Hay que lavarse las manos, no usar guantes. Es lo más importante. El lavado de manos es con agua y jabón. El alcohol en gel no lo reemplaza. Este es sólo para cuando se sale de casa y no hay donde lavarse. Usar en casa el alcohol en gel es un gasto de dinero innecesario y es menos efectivo que el lavado de manos».
Para finalizar, debido al cambio de estación y calor la doctora, hay que tener cuidado: pues es fundamental que el elemento sea de algodón del barbijo algodón o una tela liviana y el cambio con frecuencia del mismos”. Por eso, ante cualquier problema en la piel, se debe consultar con el dermatólogo.
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