
Desde las últimas décadas del siglo XX, el pasaje Del Signo es atractivo por la calidad de sus edificios, algunos de propiedad horizontal y de construcción relativamente reciente. De día llama la atención por la tranquilidad ambiental y por la noche ostenta un aspecto agradable por la buena iluminación pública y privada que posee. Pero no era todo así en la década de 1940 porque allí se mezclaban con buenas y trabajadoras familias ciertos individuos de dudosa traza y pocas pulgas, a los que los díceres del vecindario vinculaban con el juego clandestino, la oferta carnal y otras lindezas. Quizá hubiera algo o mucho de exagerado en esto, pero el rumor corría. A tal punto era así que algunos lo consideraban de paso peligroso, especialmente cuando se marchaba el sol, en esas horas en que se exhibía lóbrego porque siempre había alguien dispuesto para lapidar las lamparillas eléctricas que “cada muerte de obispo” (dicho bien válido por entonces porque no abundaban los prelados en el país) colocaba la administración municipal. Hasta se afirmaba que el cartero y las celadoras del «Coro de Ángeles» parroquial preferían no correr el riesgo de ingresar al pasaje. Aquél y éstas dejaban cartas e invitaciones en una panadería que estaba en la intersección con Medrano, cuya dueña –¿se llamaba María Quindimil?– las entregaba a sus destinatarios cuando llegaban al mostrador para hacer alguna compra.
El Pasaje del Signo
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
Tal vez también pueda interesarte este artículo relacionado
El Pasaje Coronel Cabrer, una pequeña cuadra artìstica de Palermo

















