Una flor roja y atrevida perdida en mi barrio, resplandece, tras los bajos arbustos, de la calle Julián Álvarez, como si estuviera semiescondida.
Al costado de la bicisenda, nace como un lujo, entre ruidos de coches, edificios y departamentos coloridos.
Es posible sea alguna florcita roja que olvidó Jorge Luis Borges al pasear por la senda palermitana y acordarse de María Codama. La flor nunca llegó a destino, a manos de Codama, pero hoy está aquí, como una bella estampa de Buenos Aires.
Son imágenes de la Ciudad.
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