Por Mercedes Giangrande. No resulta fácil para los jóvenes tomar la decisión de irse de la casa, en la que conviven con los padres. Los adolescentes hoy en día planean la partida desde un lugar equivocado. Prefieren presentar el enojo: no te tolero más, es imposible convivir con vos, etc. En vez de asumir que son adultos como así también aun no sintiéndose seguros pueden afrontar su independencia.
No registran nada de la comunicación que intentamos, tergiversan todo aquello que expresamos. Afirmando rotundamente que la verdad la tienen ellos, por no decir la razón. Aún cuando les decimos que nos parece una decisión acertada en la que crecerán.
En la que no es imprescindible el mal trato de su parte, dado que el mismo perjudica aún más la relación. En la que ellos sienten una necesidad imperiosa de romper logrando así su cometido: el poder irse.
Sumándole que consideran que nos ponemos en el papel de víctimas, cuando nuestro objetivo es aportarles todo lo contrario. Tan sólo con su crecimiento podrán interpretar nuestras palabras, aceptando que cuentan con todo nuestro apoyo.












