Analía Bustamante habla, durante el programa radial «La Naranja«, sobre la segunda parte de la historia de los Relojres en Buenos Aires. Desde que el del Cabildo de 1763 empezó a marcar la hora oficial hasta la década de 1940, cuando aparecieron los modernos edificios racionalistas, esos aparatos, decorados con mascarones neorenacentistas, guirnaldas Art Nouveau y signos zodiacales o sobrios -al estilo de esa vanguardia-, marcaron un ritmo para la vida pública.
Puede que los relojes callejeros, majestuosos o ecológicos -como los que donó Japón en los 70, apuntalados con tecnología LED-, no sean ya imprescindibles. Pero se trata de patrimonio, disparadores de memoria, monumentos a las horas de los porteños.











