Rara vez nos ponemos de acuerdo con el reloj, de acuerdo a nuestros espacios nos interesa o no la hora que nos indica. Desearíamos manejar las agujas a nuestra necesidad para llevar a cabo los compromisos como así también los tiempos de descanso.
Lamentablemente no podemos elegir que atrase o que adelante, tan sólo debemos acomodar los horarios de las diligencias que nos aguardan. Nueva modalidad para diagramar nuestra agenda, obviando así el sentirnos mal al finalizar la jornada por no haber cumplido con la totalidad de las actividades laborales a las que le debemos sumar trámites personales los que nunca faltan.
Con júbilo emprenderemos el regreso a casa para disponer del resto del día, dado que hemos desarrollado la intensa labor de modo reconfortante, caso contrario debemos aceptar que al día siguiente podremos continuar.
Más allá que en casa nos esperan otras tareas tomémonos un respiro, con la finalidad de realizar algo que nos gratifique, como leer un libro, realizar una pintura, ver una película, escribir sobre algún tema que nos esté rondando en nuestra mente.
Todo aquello que nos de placer, nos recreamos, evitando de este modo que la vida se nos transforme en una rutina interminable. Es agradable dedicarnos un lugarcito para reencontrarnos. Sin dejar de lado los encuentros familiares, las reuniones con amigos, ambos forman parte de nuestro ir y venir. En ellos nos apoyamos, confiamos, intercambiamos ideas, nos acompañamos.
Hemos dejado el reloj de lado, sin darnos cuenta llegó el anhelado día de descanso. En el que no tenemos horario para despertarnos como tampoco de regreso del plan que hemos elegido para distraernos.
Mercedes Giangrande












