
Segùn W. Jimenez, puede sonar irreal, ¿verdad? Para mucha gente èsto es inaudito, pues se preguntan cómo es posible que existan mujeres capaces de despreciar sus propios hijos. Pues en verdad, la realidad supera la ficción y es algo más común de lo que imaginamos y de lo que se habla muy poco por tratarse de un tema tabú. La madre en todas las culturas es un ser sagrado, intocable, lo que genera que todo aquel que ose cuestionar el amor maternal será mirado con recelo y con desdén por las personas de su entorno.
Como prueba de ello podemos ver en el cuento infantil “Blanca Nieves” compilado de la tradición oral alemana donde una hermosa jovencita es mandada a asesinar por su propia madre porque no podía soportar que la superase en belleza y juventud, así que los hermanos Grimm se encargan de dar a conocer esta historia, aunque después, algunos elementos son cambiados, siendo sustituida la madre por una madrastra para “suavizar” un poco ya que sus libros estaban dirigidos más bien a un público infantil, además de evitar la censura en el siglo XIX, ya que una madre envidiando una hija, deseando matarla, es algo tan patético que nos suena a todos más aceptable que este odio venga de una madrastra. Exáctamente como en el cuento, estas mujeres desean matar a sus hijas aunque no se trate de una muerte literal…la invalidación diaria, el descrédito, las palabras y acciones ofensivas tienen el objetivo de producir una “muerte” de la autoestima, de la iniciativa y de las relaciones sociales de la hija o hijo en cuestión.

Se han dado casos en los que niños han recibido castigos físicos visibles y negligencia en cuanto a alimentación y vestimenta; por lo general estos son los casos que son denunciados y que reciben la intervención de los servicios sociales, en cambio existe otro tipo de madre que maltrata sus hijos de manera que no pueda ser notada por los demás. Esta es la madre que provee a sus hijos de techo, comida, vestido y educación, pero que maltrata verbalmente, manipula y confunde.
Todo este abuso se sufre en silencio, casi siempre tras puertas cerradas, rodeado de la incomprensión de los amigos y familia de la propia víctima (quienes resultan ser manipulados también para ver al hijo(a) como inestable o desquiciado(a)). Se trata de mujeres muy centradas en sí mismas, afectadas por el trastorno narcisista de la personalidad, incapaces de tener empatía con sus hijos (empatizar es ponerse en los zapatos del otro) y por supuesto, el abuso se da porque existe todo un engranaje que lo sustenta: la madre abusiva no está sola…casi siempre hay toda una familia disfuncional enmarcándola. ampliar (articulo sobre la familia disfuncional del narcisista).
No debemos confundir los conflictos normales de madres e hijos, especialmente en la adolescencia o simplemente una mala relación provocada por otras causas, con el abuso de una madre narcisa. ¿De qué manera me doy cuenta entonces que soy hijo(a) de este tipo de madre?
Según Karyl McBride, autora del best-seller “Will I ever be good enough?” (que significa literalmente: “seré algún día lo suficientemente buena?” ) te puedes dar cuenta de esta realidad cuando:
Tratas constantemente de ganar el amor, la atención y la aprobación de tu madre, pero nunca te sientes capaz de complacerla.
Tu madre hace hincapié en la importancia de cómo algo le parece a ella, en lugar de cómo te hace sentir a ti.
Muestra celos de ti.
Tu madre no apoya tus saludables expresiones de identidad, en especial cuando entran en conflicto con sus propias necesidades o cuando la amenazan.
En tu familia todo gira en torno a mamá.
Tu madre es incapaz de empatizar.
Tu madre no puede afrontar sus propios sentimientos.
Tu madre te critica y enjuicia.
Tu madre no te trata como un hijo(a).
No tienes límites ni privacidad ante tu madre.












