Por Mercedes Giangrande. Por momentos la vida nos enfrenta ante situaciones las que nos sorprende, de tal modo que nos sentimos desbordados, inquietos, pensantes más de lo acostumbrado. Tal vez por descuidados dado que sentimos un malestar al que le restamos importancia, con la creencia que sólo se alejará.
No siendo así el resultado aceptamos que debemos detenernos a pensar qué hacer. Logrando dejar nuestra vorágine cotidiana, comprendiendo que solicitar ayuda, será lo adecuado. Más allá de que nos consideremos autosuficientes.
No me refiero tan sólo a la contención de un profesional dedicado a la medicina, o a la psicología, sino también cuando nos encontramos enredados ante dificultades económicas. En fin son diversos los temas que nos pueden atrapar.
Problemática que se acrecienta cuando nos mantenemos en silencio, sin compartirla con nuestra familiay amigos. Con la finalidad de no alarmarnos sin tener un diagnóstico o solución al episodio que transitamos.
Castigándonos a la vez de realizar todo aquello que nos provoca placer: ya sea realizar trabajos manuales, leer un libro, salir a caminar o por qué no escribir. Tareas que hasta el momento nos distendían.
Y ahora ¿qué?Pues salgamos de esa burbuja en la que nos enfrascamos. Rompamos con los miedos, demos un paso adelante. En vez de criticar como así también fastidiarnos con todo aquello que se nos enfrenta, vayamos en busca de nuestra propia solución. Debemos ser capaces de valorizar nuestras prioridades.












