Una investigación publicada en Scientific Reports vuelve a encender el debate sobre cómo se cocinan las langostas en la industria gastronómica.
El estudio analizó langostas noruegas, según explica Econews, y detectó respuestas claras de escape ante estímulos dañinos, como descargas eléctricas. Ese movimiento, conocido como “tail flipping”, es un comportamiento defensivo frente a un peligro.
Pero hay un dato clave: cuando los animales recibieron analgésicos como lidocaína o aspirina, esas reacciones bajaron drásticamente. En algunos casos, casi desaparecieron.
La obviedad del dolor
Para los científicos, esto indica que no se trata solo de un reflejo automático. Las langostas presentan nocicepción: la capacidad de detectar daño y responder de forma asociada al dolor.
Además, el análisis de su sistema nervioso y de su hemolinfa mostró signos de estrés fisiológico tras los estímulos, lo que refuerza la evidencia de sufrimiento.
Países como Nueva Zelanda, Noruega y Suiza ya prohíben hervir langostas vivas, y el Reino Unido las reconoce como “seres sintientes”.
Mientras tanto, la industria gastronómica empieza a explorar alternativas, como la insensibilización eléctrica previa, para evitar estas prácticas.
¿Las langostas sienten dolor al ser hervidas?
El dolor es una experiencia privada y solo puede ser sentido por quien lo está experimentando. Así lo explica el portal sentientmedia.org , quien explica que entre los humanos, los profesionales de la salud han aprendido a confiar en el autoinforme del dolor o en la angustia de personas afligidas, algunas veces utilizando una escala numérica. Este número no puede ser medido independientemente, por lo que no se considera un valor verdadero. Pero a pesar de la dificultad para medir y documentar objetivamente el dolor, sabemos que el dolor es real. En el caso de los pacientes que no pueden hablar, los profesionales de la medicina pueden también observar sus expresiones faciales, sus movimientos y la tensión muscular. En los animales no humanos, la presencia del dolor también puede ser inferida por medio de la observación.
Las langostas suelen cocinarse vivas como heregía del ser humano
Si bien hay menos estudios sobre langostas y otros crustáceos decápodos que sobre otros muchos animales, hay evidencia de que ellos experimentan estrés y ansiedad. Utilizando el principio de precaución, los activistas por el bienestar animal no se ven obstaculizados por la falta de una respuesta definitiva a la pregunta de si las langostas sienten dolor y, en su lugar, dicen que hay suficiente información para impulsar la protección de una especie cuyo sufrimiento es con frecuencia ignorado por la sociedad, la industria alimentaria y la investigación científica.
Como resultado de las acciones de los defensores de los crustáceos decápodos en el Reino Unido, en el año 2020, los legisladores encargaron un estudio sobre la sintiencia de los crustáceos decápodos y de los moluscos cefalópodos. Este estudio fue publicado finalmente en noviembre del 2021 y confirma que sí son animales sintientes. Según informaron los defensores de animales, el objetivo de esta campaña es evitar que las langostas y los cangrejos sean transportados vivos, que sean mantenidos vivos en envolturas transparentes en los mercados y que sean hervidos vivos sin ser aturdidos primero, entre otros daños. La finalidad es que los crustáceos decápodos y los moluscos cefalópodos no sean excluidos del Proyecto de Ley de Bienestar (Sintiencia) Animal.













