La última marcha del Orgullo en nuestro país fue, para ellos, algo nunca visto. “Es la mayor libertad que he visto en mi vida”, dijo Marat Murzakhanov, de 23 años, originario de la ciudad rusa de Ufa, cerca de los montes Urales.
De este modo, Anton Floretskii, de 29 años, se mudó a Buenos Aires desde Tolyatti, Rusia. Dijo que en Rusia había sido objeto de acoso, agresiones y humillaciones por ser gay. No son los únicos.
Así, Argentina se ha convertido en un refugio importante para los rusos LGBTQ+ que escapan de la creciente represión antigay del presidente Vladimir Putin.
Por eso, desde que Rusia invadió Ucrania hace tres años, numerosas oleadas de exiliados —que buscaban evitar el servicio militar obligatorio o la represión— se han dirigido a países vecinos como Georgia, Kazajistán y Armenia.
Sin embargo, muchos rusos LGBTQ+ han tenido dificultades para permanecer en esos lugares, enfrentándose al estigma y a la falta de protección legal.
Con políticas de visado restrictivas, según la cuenta Redes LGBT, que cerraban las puertas a Europa y Estados Unidos, buscaron por todo el mundo un país donde pudieran entrar fácilmente y vivir libremente.
No obstante, Anton Floretskii dice que en Rusia ha sido blanco de ataques, golpeado y humillado por ser gay. En los últimos años, Putin ha llevado a cabo una represión cada vez más severa contra los derechos LGBTQ+. En 2023, la Corte Suprema rusa designó al “movimiento LGBTQ internacional” como una “organización extremista” a la par de grupos como Al Qaeda.
Para cerrar, el atractivo de Argentina reside en parte en su historia: fue el primer país de América Latina y uno de los primeros del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2010. También aprobó una legislación histórica que permite a las personas cambiar su género en los documentos oficiales sin aprobación médica o judicial. Se calcula que, desde 2022, han llegado unos 120.000 rusos.













