Independizarse se volvió un lujo para buena parte de los jóvenes argentinos. Un informe del Centro de Investigaciones Sociales de la UADE calculó que vivir solo requiere hoy alrededor de $1.321.651 por mes, mientras el ingreso juvenil promedio ronda los $900.000.
La diferencia supera los $420.000 mensuales y ayuda a explicar por qué el 44% todavía vive con sus padres. Apenas el 26% vive solo, mientras que el alquiler aparece como la principal barrera: cuesta en promedio $623.726 y, sumado a servicios, lleva el gasto fijo de vivienda a casi $1 millón por mes.
El problema no es que los jóvenes no quieran irse. El 58% de quienes todavía viven con su familia quiere mudarse en el futuro, pero el salario promedio queda muy por debajo del costo real de sostener una vivienda propia.
La casa de los padres dejó de ser simplemente el lugar del que se parte hacia la adultez: para miles de jóvenes se convirtió en el colchón económico que permite seguir trabajando, estudiando y esperando que algún día los ingresos alcancen para pagar la independencia.













