Por momentos me siento un envase, se preguntarán ¿por qué? Me recomiendan el mejor especialista en traumatología. Logro la entrevista con la idea de encontrar la solución a mi dolencia. Me presento le explico que me sucede, con el agravante que aguardaba en la sala de espera una paciente citada por el mismo médico y sin turno. La que aseguraba que sería atendida en el momento que llegase sin tener que esperar. No paraba de quejarse, la pobre consideraba que su dolor era el mayor del mundo.
En el momento de intentar continuar dialogando con el especialista, el que ya no estaba de buen humor debido a la situación que se había generado, logré explicarle cual era el motivo de mi presencia, comenzó a redactar las órdenes de los estudios que debía efectuarme.
Al entregármelas le pedí que me las traduzca así podría solicitar los turnos en forma telefónica como es de costumbre, su respuesta fue un no rotundo. Resumiendo al hacerme cada examen los especialistas con la mejor predisposición coincidieron que los llevarían a cabo en función de mi malestar. Dado que si bien la letra era ilegible lo único que se interpretaba era: miembros inferiores, en vez de superiores como yo acreditaba.
En el último estudio (ya que fueron tres) el neurólogo me dijo: si el resultado determina que es aconsejable operar, que estuviese atenta que me interviniese las manos y no los pies.
Al día de hoy cuento con los estudios en mi poder, gracias a la buena voluntad de los profesionales que me asignaron. Ya tomé el turno para que me informen cuál es el resultado como así también los pasos a seguir, obviamente ya no será con el doctor Fernández Vals sino con otro traumatólogo.
Ya no se preguntan por qué un “envase” quedó más que claro, todos cometemos errores no obstante debemos prestar atención sobre todo si se trata de la salud de un ser humano.
Mercedes Giangrande












