Que el turismo se ha afianzado en la Argentina, eso no es novedad, pero, a su vez, es producto de las inmigraciones y emigraciones mundiales donde hombres y mujeres se radican, conocen, intercambian y habitan otros suelos.
En el caso de la Argentina y haciendo historia, fue allá por 1860 y 1930 cuando arribaron alrededor de seis millones de europeos. La mitad de ellos se establecieron de forma definitiva en el país, los otros fueron el producto de migraciones golondrinas. Hoy, sin embargo, la raza predominante que llega a nuestra tierra son rusos quienes corridos por la guerra contra Ucrania, buscan un horizonte mejor. No sin antes olvidar las comodidades que este suelo les brinda en su estadía. Por otro lado, seducidos por la cordialidad, sienten que este puede llegar a ser su lugar en el mundo.
De este modo, Palermo, Recoleta y Belgrano, son esos barrios favoritos donde se establecen y donde buscan la posibilidad de un contrato de alquiler a largo plazo para echar sus raíces.
No obstante, la crisis económica sólo brinda inestabilidad para aquellos que planifican vivir en este país, como así también para los mismo argentinos, quienes cobran en pesos y no llegan a fin de mes.
En el caso especial de los comerciantes de la zona de Palermo, un de los barrios escogidos como favoritos, aluden que , hoy en día, son muchos los turistas que pasan, miran y no compran. Sólo aquellos que cobran en dólares son los afortunados que pueden invertir en una buena cena, un fructífero paseo , o una tarde de compras. Sin ir más lejos, Plaza Julio Cortázar es uno de esos sitios elegidos para distensión porque existen bares en la zona, como así también la clásica feria de los fines de semana y hasta los mismos artistas urbanos que regalan, con su talento, lo mejor del arte.
Por eso, al decir de la vieja frase: «Sólo pasaba por aquí», son muchos los que merodean, miran precios, preguntan, se prueban, pero no compran, y allí se cierra el círculo con un «Muchas gracias, en todo caso paso otro día».
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