Por Jorge Truscelli. Es claro que el hospital es enorme y de múltiples disciplinas. Por eso, recorrerlo para repartir juguetes, más el show, más la entrega final de sorpresas, lleva su tiempo, el mismo que cada uno da y ellos necesitan. Tal es así que , si bien vamos a todos los lugares por respeto al trabajo profesional impecable de todos, siempre voy a ver a mis más y humildes pequeñitos, muy chiquitos (y pequeños) tan llenos de necesidades terapéuticas y de Amor con Fe, pidiendo al lado de cada uno su pronta mejoría. Es hermoso ver a ellos emitir una mueca de sonrisa. Así, como me decía una de las tantas mamá: «No tiene precio», más si uno pude llevarse la inmensa felicidad, que por el lugar cada papá te diga «Gracias por venir por acá», o que te pidan una foto con su hij@, para festejar. Eso ya vale y exime cualquier comentario.
Por ello, doy gracias a cada autoridad del Hospital Garrahan por hacer y dejarme hacer lo que más me gusta: estar al lado de cada uno de estos niños porque los quiero, entonces acá los dejo algunas de mis vivencias. Si bien hay más en fotos, la abu me pidió sacarse una foto de ella conmigo y después me dijo muchas gracias por acceder. Luego, le contesté gracias a ustedes por la enseñanza de luchar la vida cada dia. Al final, nos dimos besos y abrazos.
Ésta es una de las miles de historias que resume todo con mi Princesa Tati, la cual me acompañó y me pidió sacarse una foto conmigo. Después la mamá me dijo: «Muchas gracias por acceder», y ahí fue cuando le contesté: «Gracias a ustedes por la enseñanza de luchar la vida cada día». Para cerrar, nos dimos un beso y un abrazo.
Ésta es otra de las miles de historias que resume otro tramo (obvio antes de la Pandemia ) en uno de estos 32 años de mis visitas.












