Por lo general puntualizo que el año comienza en marzo y no en enero. No obstante este comenzó a tiempo como así también bastante movido. De hecho tantos temas a resolver no se resuelven de manera inmediata. Al margen de las herramientas con las que cuentan los gobernantes, falta la primordial, la vedete: el dinero.
Así mismo nuestro nerviosismo perdura dado que no nos encontramos asentados. Estamos expectantes a cuanto cambio o novedad esperada nos llegue. El nerviosismo es constante, el aluvión se aproxima al igual que los temporales climáticos característicos en esta época del año, provocados por la tormenta del niño.
Tan sólo que no damos abasto el deber tolerar ambas tormentas, no sabemos cuál elegir, cualquiera de ellas provocan trastornos. Sería brillante no atravesar por ninguna de ellas no sólo fastidian, intentan cambiarnos el humor, como así también provocan pérdidas materiales sumándole las emocionales y espirituales.
Nos encontramos frente a un momento del año en que la lista de obligaciones es interminable. La que es conocida por todos, a la que le añadimos una serie de ingredientes nada sabrosos por cierto. Conservamos la fe, la paciencia, los deseos de salir adelante perduran.
Pongámosle un piso a tanta problemática económica, monetaria, permitiéndonos la posibilidad de progresar.
Mercedes Giangrande












