Después de meses de polémicas, accidentes, incertidumbre y titulares negativos, de un ambiente enrarecido en las calles y de encuestas poco halagüeñas, el Mundial ya ha llegado a Brasil. Las calles, aunque con moderación respecto a otras ediciones, están siendo por fin decoradas con los colores de la seleçao, los entrenamientos del equipo de Scolari son seguidos con pasión por miles de aficionados y sondeos de última hora revelan un calentamiento progresivo de la atmósfera futbolera. Desde el domingo el Cristo Redentor luce de verde y amarillo, iluminado por 300 proyectores LED, en las noches de Río de Janeiro.
Por si fuese poco, el estadio Arena de Sao Paulo, sede del partido inicial (dentro de diez días) y objeto de máxima preocupación para las autoridades por su enorme retraso, parece haber dejado de ser un problema: miembros del Comité Local Organizador confirmaron el lunes que solo requiere algunos retoques “estéticos” y que “estará listo al 100%”, a pesar de que la precaución aconsejó no llenar todas sus gradas provisionales en el Corinthians-Botafogo celebrado el domingo como prueba definitiva de la aptitud del recinto. “¿No iba a haber Copa?”, ironizó el lunes en alusión a las manifestaciones el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, al presentar el centro internacional de prensa de la Copa en Río de Janeiro: “El Mundial ya ha empezado”.
La presidenta, Dilma Rousseff, recibió en Brasilia la tarde del lunes del presidente de la FIFA, Joseph Blatter, el trofeo que alzará el campeón el próximo 13 de julio. En un ambiente distendido y muy diferente de las críticas y recriminaciones que ha venido soportando el Gobierno desde el 31 de diciembre, fecha en la que había prometido entregar los doce estadios mundialistas a la federación (entregó solo seis). “Quiero reafirmar desde aquí a todos los brasileños y a todos los que nos visitarán en los próximos días que vamos a hacer el Mundial de los Mundiales”, afirmó Rousseff, que elogió “la gentileza y el carisma del pueblo brasileño” y aseguró que “la estructura de seguridad va a proporcionar a todos la tranquilidad necesaria para conocer nuestra belleza”. La presidenta volvió a destacar el respeto de la diversidad y a pedir que sea “una Copa sin racismo”.
Un sondeo publicado esta mañana por IBOPE reveló que un 71% de la población brasileña apoya que la Copa sea un éxito, a pesar de que un 39% dice todavía sentirse “frío, muy frío o helado” respecto al mayor espectáculo deportivo del planeta”.
Patricia Núñez Vega












