Por Ana Leguisamo Rameau. La inflación es uno de esos ajustes que no permiten que el ser humano pueda disfrutar de un buen plato o, tal vez, darse un meritorio gusto material.
Las noticias de todos los días, nos alertan que, cuanto más paguemos cuentas, menos podremos ser libres del ajuste que hoy cancelamos por la crisis y la deuda contraída con el FMI.
Según la editorial Perfil, solamente en carne y carbón hoy gastamos $ 7.800 en este inicio de mayo 2022 mientras que en diciembre del año pasado pagamos $ 5.800. Para compartir el asado entre 6 incluimos: 3 chorizos, 3 morcillas, 1 y medio kg de asado, 1 y medio kg de vacío, 1 bolsa de carbón. El valor no incluye achuras como chinchulines, riñones o mollejas.
Pensando en la guarnición gastamos en verdulería $ 520 por igual en los dos meses comparados. Por el aumento en el costo de la harina el kg de pan llegó a $ 370 cuando hace 5 meses lo pagamos $ 280.
De este modo, sigo viendo las ofertas en los comercios de la zona. Además recorro la feria del barrio, pero nada me convence porque debo pensar en lo que deseo y en lo que puedo comprar porque mi bolsillo es como si estuviera roto. El dinero se va como agua y debo analizar si pago las expensas o si hago las compras de las semanas. Por eso, continúo dando vueltas hasta que una pizarra me advierte una oferta que publica «El kilo de asado $2000». Obviamente, no puedo creer hasta cuánto hemos llegado. Es una locura pensar que $2000 es una cifra que corresponde a una difusión de oferta, aunque si lo comparo, realmente llego a la conclusión que esos $2000 son valores más bajos que los que se consiguen en otros negocios.
Marita, la vecina de enfrente me dice que su hermana Beatriz se la pasa cocinando exquisiteces de pastas y panadería: «Todo bien, todo muy rico… pero a esta altura de mi vida, ya he engordado como 20 kilos más porque, entre lo que cocina mi hermana y lo que hay que ahorrar, el pan y la pasta son muy ricos pero te aumenta mucho de peso. La culpa la tiene la inflación» explica.
Charito, trabaja en una oficina, y se queja: «Tengo cuatro chicos y no sé de qué modo administrarme. Mi marido no da abasto con el sueldo y yo también debo hacer más horas extras para juntar más dinero. Mi mamá me ayuda cuidando a mis hijos pero, a la hora de hacer la comida, me encuentro haciendo malabares entre lo que me piden mis chicos y lo que mi marido y yo podemos comprar en el supermercado. La culpa la tiene la inflación» explica.
Santiago está de novio hace sólo un par de meses. Tiene coche y sale con Sofía: «Debo confesar que me da vergüenza no poder invitar a mi novia a un restaurante. Generalmente zafamos yendo a algún bar donde podemos comer alguna hamburguesa, pero se terminaron aquellas noches románticas bajo la luz de la luna en Puerto Madero. Ahora hay que salirle a las promos de algún barrio barato porque si elijo un restaurante paquetón me quedo sin plata para cargar nafta al tanque del auto. La culpa la tiene la inflación» explica.
Por otro lado, Margarita ya no recuerda cuando fue la ultima vez que visitó un restaurante: «Si te digo la ultima vez que salí a comer a afuera, te miento… Ya eso forma parte de un lujo del pasado. La culpa tiene la inflación» cierra.
Patricio sonríe: «Me gusta el mate, y si es con facturas, mucho mejor pero están tan caras que hoy cargo la yerba y me compro un paquete de galletitas en el kiosco y ya está. No me queda otra. La culpa la tiene la inflación» finaliza.
Por ende.
- Granos Básicos (Maíz, frijol, avena, arroz, café, etcétera)
- Carne, pescado, huevos, leche y productos derivados.
- Higiene personal (Papel higiénico, pañales desechables, pasta dental, entre otros)
Con este panorama, un argentino debe prescindir darse un gusto para poder llevar adelante su higiene personal o, en paralelo, costear la canasta básica para llegar a fin de mes.
Que no cunda el pánico si la crisis nos supera porque, según muchos conformistas expresan: «Esta historia siempre se repite en la Argentina» Luego, completan: «Ya vamos a salir adelante».
Para finalizar, la rueda de la tonga, sigue andando mirando nos exprimimos las neuronas pensando cómo llegar a fin de mes. Algunos viendo de qué modo podrán pagar el alquiler, otros tirando números sobre cómo poder comer mejor, otros cómo intentar no cerrar el negocio vacío, o quizás, haciendo malabarismos para llevar adelante una vida más digna que nos permita no sentirnos esclavos de las cuentas en este mundo comandado por los errores y abusos políticos de los que van y vienen y nunca se hacer cargo porque evidentemente «La culpa la tiene la inflación».
















