
Pino Solanas
El film se desarrolla con historias y testimonios dramáticos de sus protagonistas: pobladores, chacareros e investigadores. La eco-agricultura muestra que se puede producir alimento para todos, libre de pesticidas: sano, natural y redituable.
«En cada alimento que comemos hay conservantes, saborizantes, colorantes, hormonas. Y si no hay hormonas, hay antibióticos. La carne que comemos es en un 75- 80% de feedlot. Se les da cualquier porquería mezclada con hormonas. Los pollos de Entre Ríos son un claro ejemplo», dijo el director.
El caso de la docente entrerriana Estela Lemes
En el documental se refleja también la historia de la docente entrerriana Estela Lemes, que inhaló glifosato tras que la escuela rural en la que es directora fuera fumigada.
«A Estela la conocí de manera circunstancial recordó Pino Solanas-. Decidí dedicarle una película al drama de la intoxicación que tiene la población argentina porque come alimentos tanto vegetales como los envasados con una proporción de agrotóxicos y sustancias químicas que lo está enfermando y matando».

Segùn el Portal «Funcinema» Viaje a los pueblos fumigados, la nueva película de Pino Solanas que pasó por la última edición del Festival de Berlín y se verá en el próximo BAFICI, tendrá estreno comercial el próximo 3 de mayo.
El documental retrata un viaje de investigación del autor por siete provincias argentinas sobre las secuelas sociales y ambientales que dejó el modelo transgénico con agrotóxicos.
El relato está dividido en diez capítulos y su forma es la de un viaje hacia las regiones que producen soja, cereales, hortalizas o frutas. El lenguaje es el de una sucesión de travellings, manteniendo la unidad visual con ópticas gran-angulares.

Los protagonistas son especialistas, vecinos, médicos, productores, técnicos, maestros, agricultores. Viaje a los pueblos fumigados se filmó en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Salta, Chaco y Misiones.
En relación al documental, el propio director señala que “las consecuencias sociales del cultivo intensivo de soja transgénica con agrotóxicos, fueron el desmonte de millones de hectáreas de monte nativo, monocultivo, éxodo rural. La población quedó expuesta a la contaminación de las fumigaciones”.
“El control sanitario en nuestro país es inexistente porque no se controlan los centros de producción. Tampoco hay programas de investigación en hospitales y universidades sobre sus efectos en el organismo. Los testimonios recogidos demuestran que una parte de la población está contaminada con agrotóxicos, a lo que se suman los efectos nocivos de alimentos producidos con sustancias químicas: conservantes, colorantes, antibióticos, hormonas”, señala Solanas.
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