
Por Ana Leguìsamo Rameau. Van a los eventos y dicen llamarse «periodistas» pero ninguna facultad, colegio o credencial los titula en la fiesta que forman parte. Desde hace tiempo, estas personas, se acercan a cafès, bares, salones, palacios del Estado o hacia donde se realice algùn acontecimiento, entonces se preparan con alguna càmara, y si es mejor con el celular, porque ni siquiera poseen herramientas periodísticas para trabajar, y allì demuestran que están cubriendo una nota. Muchas veces no retratan ninguna imagen del hecho que se està desarrollando porque no trabajan para ningùn medio. De esa forma, demuestran que guardan cercanìa con la prensa pero nada de eso es verdadero.
Esta gente, se sitùa en el lugar y sòlo espera el momento en que se sirve el lunch para arrojarse a la mesa y arrasar, cual termita, con todo lo que allì se dispone, tanto sea comida como bebida. Mientras tanto hacen guardia en los vèrtices y lados de la mesa para custodiar el lunch y apropiarse de èl.
Le dicen los «eventeros» y no hay filtro para proceder con su tamizaciòn. Comen gratis, van al teatro gratis, van al cine gratis y todo lo hacen gratis, mientras el portero, vigilante del lugar o jefe de prensa no se percate que su acreditaciòn es una eterna mentira.
Ya es normal que los periodistas encontremos a los «eventeros» devorando el lunch puesto al servicio de la prensa o pùblico como asì tambièn es normal verlo en algùn recital o, tal vez, en alguna avant premier de cierta pelìcula mientras se matan de risa con el protagonista del filme haciendo alardes de un oficio que no les corresponde. En reiteradas ocasiones, uno se acerca y escucha por lo bajo «No tengo ni idea quièn es el tipo a quien lo han nombrado huésped de honor pero vengo aquì porque hay buena comida»
Miles de preguntas retòricas vuelan por nuestras cabezas, cuando pensamos en los «eventeros. «¿Què pasarìa si uno los denunciara?» «¿Me crerìan si cuento que aquel que està con la cámara en la mano no es periodista sino un eventero?» Uno se muere de ganas de revelar la verdad pero lo cierto es que los eventeros ya forman parte de las reuniones porteñas. Esos que van, la pasan «bomba», se rìen de la prensa, tambièn de los que organizan el evento, y luego se vuelven a sus casas felices sin haber invertido una moneda y con el estómago satisfecho.
En la Legislatura porteña brillan por doquier los «eventeros» quienes en lo posible, se sientan casi al final de las butacas porque esperan el momento del cierre del evento para asaltar las mesas de sandwiches, saladitos y bebidas.
Los «eventeros» no tienen paz. Uno los mira desde afuera o desde lo lejos y les da vergûenza ajena ver tanta desfachatez.













