Por Mercedes Giangrande. Me refiero a nosotros de quienes por lo general nos olvidamos, hecho provocado por la diversidad de actividades que desarrollamos. Por tal motivo no nos tenemos en cuenta. La mayor parte de la sociedad adopta la creencia: que para estar bien se debe estar acompañado, sobre todo a la hora de estar en pareja. Como si el estar acompañado modificara nuestro estado de ánimo.
Pensamos en nuestro entorno tema que no está mal, dejándonos de lado. Restando así la posibilidad de analizar entre comillas ¿qué nos está sucediendo? Dado que no expresamos nuestras ideas con claridad. Resulta complejo el aceptar que debemos estar bien con nosotros, alcanzar la paz interior.
Tal introducción resulta un cuento de hadas, tan sólo que la vida continúa como así también las noticias que modifican nuestro camino, las que a la vez hacen ruido e impactan. ¿El porqué del cambio de ruta? Porque movilizan de tal modo que es difícil asimilarlas.
Como el caso de Justina cuyos familiares reclaman a gritos un corazón para ser trasplantada y a la vez debe ser compatible. Otro episodio de conocimiento público: el de la adolescente que cayó del tren por querer substraerle su celular, encontrándose en estado crítico. Sin dejar de lado el dramático caso de las violaciones, las que desgarran la vida de todo ser humano.
Situaciones como las mencionadas no resultan indiferentes, no importando que sean desconocidos, nos marcan ocupando un lugar en nuestro corazón. Cómo pensar en nosotros en momentos de tamaña violencia, dolor e impotencia. Aquí es donde manifestamos nuestra empatía para con el otro, entregando lo mejor de nosotros mismos.












