Hace unas horas alguien entristecido llamó muy temprano y me dijo: «Tengo que darte una mala noticia» Ante mi asombro por su llamada atiné tan solo a preguntar: «¿Que sucede?» El silencio fue un nudo en su garganta «Murió Don Alfredo»
Así es como lo llamamos nosotros: Don Alfredo, Alcón. Fue como un amigo conocido, a pesar de tan sòlo verlo en el teatro, y haber estado con él en una charla hace muchos años pero, lamentablemente, ya no tnemos un recuerdo material en nuestras manos de esa actuación. Lo mejor fue el tiempo que converso con mi persona, el brindis que hizo conmigo y los demás invitados. La simpatía que brotaba de su corazón con una personalidad extraordinaria, y una pinta que difícil será encontrar en otro hombre. Con pantalones vaqueros su saco azul, una camisa blanca, su cabello enrulado, me dijo: «¡Qué buena clienta que fuiste!»
Con el tiempo, el amigo que hoy llamó se acercò a él para que firmara un ejemplar de un libro. Con emoción lo hizo, y al ver que se trataba de un historia que èl protagonizò en el cine “El Pibe Cabeza” se emocionò al tener ese único ejemplar en sus manos y al comentar:“No lo pude conseguir” Aquí lo tengo a mi lado con una dedicatoria que llega a lo más profundo de mi corazón. “Para Azucena mi recuerdo agradecido”.
Me ha quedado la deuda de no haber podido prestárselo. Héroe de películas históricas y maravillosas de nuestra cultura. Todo lo que diga es tan reconocido cómo saber que ya no podré ir al teatro como lo hice con su última obra. Donde por largos minutos el teatro de pié lo aclamó, lo aplaudió, le demostramos nuestro amor por tanta ética, amor a su trabajo y respeto a su público y ejemplo de ser humano.
¡Adiós Martín Fierro, Adiós Santo de la Espada, Adiós Boquitas Pintadas!
Foto: La Net
Azucena Cerundolo













