En su artículo 2°, la ley 35 aprobada por la Legislatura de la Ciudad dice: «Se considerará como notable, en lo que se refiere a esta ley, aquel bar, billar o confitería relacionado con hechos o actividades culturales de significación; aquél cuya antigüedad, diseño arquitectónico o relevancia local le otorguen un valor propio».
Hacia 1810 se destacaban en Buenos Aires el Café de los Trucos, el Café de Marcó y el Café de los Catalanes. Ya en 1820 se registraban en la ciudad 17 cafés. El Tortoni es el más antiguo de todos los aún persisten en Buenos Aires. Se fundó en 1858 y hasta la década de 1890 funcionó en Rivadavia 832.
Cabe destacar que, los primeros cafés de Buenos Aires aparecieron en tiempos del Virreinato del Río de la Plata. En este primer momento correspondían a un uso español, de hecho podemos decir que tienen su origen primero en la taberna y luego en la fonda.
Por ello, cuando irrumpe el tango en la historia porteña muchos cafés se convirtieron en cafés musicales. Sin embargo, a mediados del siglo XIX la popularidad de la milonga había llevado a la instalación de “salones de bailes públicos” en los distintos suburbios de Buenos Aires y Montevideo. Estos salones fueron conocidos con el nombre de “academias”, que usaban a la danza como prólogo del libertinaje posterior. En algunos casos existió una similitud entre el “café” y la “pulpería”. En este sentido podemos destacar en nuestra ciudad en el siglo XIX a la pulpería “La Blanqueada” en Cabildo y Juramento, “La Banderita” en Av. Montes de Oca y la del “Caballito” en Rivadavia y Emilio Mitre. De las pulperías saldrían luego los almacenes con despachos de bebidas. Fue por ejemplo un almacén famoso “El Estaño” (Corrientes 1302), donde Aristóteles Onassis sirvió a Gardel trabajando de mozo.
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