Por Redacción Foro de Baires. «Miré el sol por la ventana y por un momento me olvidé que hay cuarentena, entonces casi salgo a pasear por Buenos Aires», explica Malena mientras añora aquella preciada libertad de hace meses atrás que ella disfrutaba.»
En una entrevista muy particular, desde la vereda de la planta baja, Foro de Baires, habló con Malena, esta vecina, amante de las palomas, quien además posee una especie de santuario para estas aves. La vecina en cuestión, nos contestó desde el balcón de su casa y nos advirtió, procuremos, no publicar su foto. Mujer de la tercera edad ella, rememora sus paseos por el barrio y dice estar cansada del confinamiento en su departamento.
«¿Lo que más extraño? A mis nietos. No los veo desde hace meses. No sé si me voy a morir de vieja aquí adentro o de tantos extrañarlos«, sonríe con melancolía mientras ajusta su barbijo en un movimiento poco indicado por la falta de acostumbramiento.
Seguimos recorriendo el barrio y vimos, desde abajo de la la Avenida Scalabrini Ortíz, un saxofonista que tocaba desde el balcón del séptimo piso. Con una distancia razonable, los pocos vecinos de la zona, comenzaron a mirar.
«Lo hace siempre y algunos vecinos gustan de su música«, comenta un joven con una bolsita de supermercado.
«A mi me parece original que toque su música pero a veces los vecinos se ponen molestos porque, tras que estamos encerrados, tampoco hay derecho que debamos soportar el volumen alto de lo que hacen o escuchan otros«, agrega una señora que porta un paquete en su mano izquierda.
«Lo que dice la señora es cierto. En Cabrera y Acuña de Figueroa, todas las noches a las 21 Hs, los vecinos aplaudimos y luego alguien pone una cumbia. Eso
es religioso. Nunca falta pero, los Sábados, se repite el mismo ritual, sólo que en vez de una cumbia, nos hacen escuchar un recital de media hora con música de todo tipo y durante media hora. Eso me parece desacertado, molesto y poco respetuoso para los que estamos en nuestras casas«, concluye Oscar, un comerciante que mira al músico que interpreta una pieza de Duke Ellington.
Aislados, molestos y solidarios, los porteños miran y escuchan todo desde sus balcones o desde las veredas, desde las cuales, pueden tomarse un permiso al día para realizar sus compras.
Con cierto tono, a veces inapropiado por el desgaste del encierro, aún así, los vecinos hacen sus pequeños trámites y vuelven a sus casas a respetar la cuarentena extendida.












