Por Mercedes Giangrande. Algo tan sencillo como necesario, siempre comento que es de suma importancia alimentarse en las mañanas. Es la ingesta más importante del día, para todas las edades. Buena medida para iniciar nuestras actividades, sentirnos con mayor energía.
Evidentemente es un lujo dado que esto no es para todos, a diario nos encontramos en la vía pública con personas que ruegan se les compre comida. Lo veo constantemente en la puerta del hospital Rivadavia. Dado que en ese lugar paran vendedores ambulantes con productos alimenticios.
Me cruzo con jóvenes, adultos y niños los que se nota que realmente requieren de un desayuno, tan merecido por cierto. A los que no siempre se los puede complacer, dado que en nuestra billetera tampoco abunda el dinero.
Ya partimos de nuestras casas pensando: ¿qué haremos de cenar? No obstante no estoy refiriéndome a nosotros. Es lamentable que se continúe mendigando comida, tema que se viene arrastrando de mucho tiempo atrás.
Sabemos que existen comedores gratuitos, como así también gente que se reúne para acercar comida a las puertas de hospitales, espacios públicos, estaciones de trenes. Aun así nada alcanza. La solución sería que cada individuo cuente con su propio trabajo, evitando el mal momento de tener que pedir comida.
Nada nuevo les acerco esta vez, de todos modos me parece bueno recordarlo, para que no quede en la papelera de reciclado, es decir en el olvido.












