Durante años el foco estuvo en el Burnout (agotamiento por exceso de trabajo), pero en 2026 gana terreno otro fenómeno silencioso: el Boreout, el desgaste por aburrimiento y falta de sentido en lo que hacemos.
En oficinas y coworkings argentinos, según El Ciudadano, ya no se habla solo de inflación o dólar, sino de una pregunta más profunda: “¿Para qué estoy haciendo esto?”. La reforma laboral y los cambios en el empleo potencian esa inquietud.
El Boreout es apatía, insatisfacción y fatiga crónica por falta de desafíos. No es pereza: quien lo sufre quiere aportar, pero queda atrapado en tareas mínimas o vaciadas por la automatización. Sus señales: infracarga de tareas (8 horas para 2 de trabajo real), ausencia de desafíos y desconexión total con el propósito de la empresa.
En la Argentina 2026 influyen tres factores: avance de la IA que deja empleados como “espectadores”, presentismo digital para aparentar ocupación y una creciente crisis de propósito. ¿La respuesta? Más búsquedas de “cambio de carrera” y “reskilling”. El desafío para las empresas ya no es solo productividad, sino devolverle al trabajo sentido y al empleado la sensación de ser necesario.
Por ello, para reafirmar, el boreout es un síndrome laboral caracterizado por el aburrimiento extremo y la falta de desafíos, que provoca desmotivación, apatía y disminución del rendimiento en el trabajo.
El boreout surge cuando un empleado experimenta una falta constante de estímulos, desafíos y propósito en su trabajo, lo que genera aburrimiento crónico, sensación de inutilidad y desmotivación emocional. A diferencia del burnout, que se relaciona con la sobrecarga de trabajo, el boreout se origina en la infrautilización de las capacidades del trabajador y en tareas monótonas o poco significativas.
El boreout se produce principalmente por la falta de estimulación intelectual y desafíos laborales. Factores comunes incluyen:
Repetición de tareas simples o rutinarias.
Subestimación de las habilidades del empleado.
Falta de oportunidades de crecimiento o desarrollo profesional.
Aunque es menos visible que otros síndromes laborales, el boreout puede tener consecuencias igual de serias en la motivación, la productividad y la salud mental de quienes lo padecen.













