La vida nos lleva por momentos a desconfiar motivado por situaciones pasadas, las que resultan complejas de modificar más allá de intentarlo. Tal vez hechos que nos marcaron no nos permitan avanzar. Los que podrían ser un sin número: violencia de género, verbal, atentados dentro del domicilio o en la vía pública y por qué no el haber sido sobreprotegido.Todos estos temas son fuertes en donde cada uno de ellos merece un capítulo aparte.
Si me enfoco a la sobreprotección, la que deriva de la educación que hemos recibido, aceptando que nuestros padres lo hicieron creyendo que era lo mejor para nosotros. Con el tiempo se llega a reconocer que dicha susceptibilidad nos lleva a cometer errores. Perdiendo nuestra seguridad para manejarnos a diario.
La contención que nos proporcionan desde pequeño debe tener un límite prudencial, de acuerdo a nuestro comportamiento como así también por la etapa que estemos atravesando. Experiencia que nos resultará positiva cuando nos llegue el instante de tener un niño a cargo.
Efectiva si nos hemos ocupado de resolver nuestra inseguridad, la que nos pudo haber provocado algunos temores.
Transformando esos miedos como así también dudas en hechos auténticos, permitiéndonos desarrollar nuestra personalidad eficaz sumándole una actitud firme.
Mercedes Giangrande












