Por Vinómanos. Julio Cortázar hizo de la imaginación su modo de vida. Ya sea para darle cuerda a un reloj, subir una escalera o ponerse un pulóver, el autor se las ingeniaba para crear mundos fantásticos alrededor de actividades cotidianas. Gran parte de su obra nació entre las mesas bulliciosas de los cafés parisinos. Por eso, no es extraño que uno de los bares tematicos de la ciudad lleve su nombre. Ubicado en Cabrera y Medrano, Almagro, el Café Cortázar vio la luz en el 2015 bajo la premisa de rendir tributo al padre de Rayuela. Sus paredes, bibliotecas y propuesta gastronómica dan cuenta de ello.
“Entramos en el marco de lo temático, lo que quiere decir que somos medio únicos en eso. Tenemos un espectro de clientes amplio y fiel. Si bien hay una inquietud cultural, somos un bar muy plural, y ahí está el romanticismo del oficio que ejercemos. Que un niño pueda empezar a leer a Cortázar a través de un taller que se dicta acá es hermoso. Incluso la editorial que publica sus libros nos manda ejemplares para nuestra biblioteca”, explica a Vinómanos Martín Paesch, su titular.
A principios de la cuarentena, el bar trabajó con servicio de delivery. Por ejemplo, para el 25 de mayo ofreció un menú llamado “Locronopio”. Luego, renunció a esa estrategia. Paesch aduce que “el delivery funciona cuando vos ya trabajabas con él. Cuando no lo hacías, y de repente salís a un mercado donde hay mucha oferta y poca demanda, es difícil. Es incomparable estar en el bar con comer en tu casa. Podés renombrar platos o enunciar palabras claves cortazarianas, pero no hay comparación. No hay una experiencia ahí como la de estar en la atmósfera Cortázar”. Para sortear el mal trago, el Café Cortázar unió fuerzas con diversos espacios porteños, entre ellos Los Notables, un grupo de bares históricos de la Ciudad, bajo la consigna “cocinamos juntos, nos esforzamos en equipo, trabajamos para volver”. Para ello, unificaron su cocina en la Rotisería Miramar, del barrio de San Cristóbal, que funciona como centro de operaciones de distintos restaurantes. Siguiendo la premisa cortazariana de que el frío siempre complica las cosas, Paesch sabe que no es el mejor
momento, pero avizora un futuro provechoso: “Yo soy bastante optimista. Es una situación que nos afecta a todos; todos nos estamos acostumbrando y estamos aunando esfuerzos para poder sostener. Hay bares notables que tienen más de 50 años de vida…”. Y ninguna intención de dejar de respirar, claro.
Finalmente, el sábado 19 de septiembre el Cortázar reabrió sus puertas en la “vereda cronopia”. “Volver a trabajar con mesas afuera es un puntapié inicial para comenzar con algo. Acá hay una realidad: vos vas al café a abrazarte, a besarte, a salir con alguien, a juntarte con gente, a tomar una birra. Eso volverá a pleno cuando la OMS diga ‘No hay más pandemia, no se usa más barbijo y no hay más distanciamiento social’. Para eso falta”, resume el gastronómico.
Tal vez también te interese ver y leer este artículo relacionado












