Este estudio de la Universidad de Florencia, publicado en la revista Trials (2025, Q1), muestra que el momento del día en que comemos pasta puede influir en la calidad del sueño, el metabolismo y la microbiota intestinal Algo que aplica tanto a mujeres como a hombres de distintas edades y estados, aunque siempre debe personalizarse según la condición individual.
Esto ocurre porque los carbohidratos complejos aumentan la disponibilidad de triptófano, aminoácido precursor de serotonina y melatonina, las moléculas del bienestar y el descanso. Este aumento favorece la relajación, mejora la latencia del sueño y regula los ritmos circadianos. Además, se observará cómo este cambio horario influye en hormonas, marcadores inflamatorios y la producción de ácidos grasos de cadena corta (SCFAs), mediadores clave entre intestino y cerebro.
En la misma línea, el TOSCA.IT Study, publicado en Nutrients (2020, Q1), analizó a más de 2500 personas con diabetes tipo 2 y confirmó que el consumo moderado de pasta no se asocia con aumento de peso, obesidad ni descontrol glicémico, siempre que forme parte de un patrón mediterráneo equilibrado. Gracias a su bajo índice glicémico, la pasta no eleva bruscamente la glucosa ni la insulina, derribando el mito de que “la pasta engorda”.
Lejos de ser enemiga del metabolismo, no como algunos influencers que solo miran glicemias una pasta artesanal y fresca, hecha con amor, puede ser una aliada nocturna: mejora el descanso, estabiliza la energía y favorece una microbiota más sana.













