Por Mercedes Giangrande. Se celebró el día del trabajador de un modo atípico, se supone que debe resultar una fiesta para todos los que contamos con el privilegio de tener una actividad laboral. No obstante, fuimos bombardeados como es costumbre por noticias nada satisfactorias.
Las que mencionaron los lamentables hechos de inseguridad, entre otros en el tren Belgrano Norte. Comentados por los mismos pasajeros que se ven obligados a utilizar ese transporte. A las que le adicionamos los nuevos incrementos como en el agua, sin dejar de lado los pasajes de subte, más todos los que ya venimos arrastrando, significativos por cierto.
Sin dejar de lado las marchas de diferentes ideologías políticas, las que salieron a manifestar sus desacuerdos. Tal vez no de la forma correcta considerando que deberían de ocuparse de presentar propuestas destinadas a las mejoras del país.
Luego de tamaño tumulto de situaciones, comenzó a circular la posibilidad de un cambio en el ámbito laboral el que aún no se llevó a cabo, no obstante en otros países está en estudio. De que se trata, de la presentación de un robot que llegaría a reemplazar la mano de obra. Se le suma la posibilidad de vehículos autodirigidos.
Suena descabellado, más bien alarmante, si nos enfocamos en nuestro futuro laboral. De hecho resulta complejo obtener un trabajo. Sin menos preciarnos ¿ante semejante contrincante qué haríamos?
Hasta el momento no escuché una palabra de contención, como tampoco de aliento, de parte de nuestros gobernantes. Estoy de acuerdo con el avance de la tecnología, sin embargo también pienso en nosotros, integrantes de esta sociedad bastante maltratada.













