Por Mercedes Giangrande. Más allá de que nos distendemos organizando eventos, los cuales nos alejan de la realidad no por demasiado tiempo. Dado que las noticias de actualidad nos hacen ruido. Son varios los temas: detenciones DeVido, Boudou, momento esperado por cierto. Como así también Maldonado claramente dolor desgarrador para la familia, dejando de lado toda ideología política, nadie se siente bien con la muerte de un ser humano.
Detenciones, muertes suceden a cada minuto, mencionando la nena de doce años quien murió de un balazo sin motivo alguno, ocasionado por un ladrón que disparó al auto de su papá. Evidentemente una vida que no se recupera. Delincuente que carga con una mochila pesada y se encontraba en libertad evidentemente.

Los argentinos fallecidos en Nueva York debido a un atentado, en el que no tenían ni arte ni parte. Como tantas otras que desconocemos, no obstante se mencionan tan solo aquellas cuyos apellidos repercuten en la vida cotidiana.
El resto de los familiares de las tantas víctimas desconocidas padecen igual dolor con la diferencia de que no reciben seguramente una palabra de aliento. Entendiendo que cada ser humano ante la sociedad es igual, la gran diferencia para las autoridades es el comportamiento con el que se perfila.
Detenciones, muertes, desapariciones, violaciones, más de lo mismo. Sin lograr el punto final para dicha emergencia. En busca de una solución inalcanzable hasta el momento. Queda claro que la paz total no existe. No llegamos a este mundo para vivir en él eternamente, existen enfermedades, accidentes, diferentes edades. Otros casos en donde la desaparición de dichas personas provoca un vacío irremediable, quizás tampoco lo aceptemos. Sin embargo nos resulta menos caprichoso.
El hecho de la muerte es complejo de aceptar, bajo cualquier circunstancia. Menos aun cuando es anunciada.













