En la ciudad de Buenos Aires, centro de la especulación inmobiliaria, existe casi un millón de inquilinos. No hay censo ni medición oficial acerca de su cantidad exacta. No se sabe cuál es el costo de ser inquilino. Tampoco se sabe qué tipo de consecuencias económicas, culturales, y sociales, generan las condiciones en las que se alquila. Los números acerca de este sector en Bs As, se toman de diferentes informes que han llevado a cabo organizaciones de inquilinos y organismos de estudio del hábitat.
Datos duros
Entre el 40 y el 50% de un sueldo se destina al alquiler
Una familia tipo, para acceder a un alquiler necesita 20000$ entre gastos de comisión, mes de adelanto y depósito.
Pagamos un 30% de aumento anual o 15% semestral en el valor de los alquileres
Si no te gusta, andate.
El sistema impuesto por las inmobiliarias (CUCICBA) al inquilino, es tan perfecto, como perverso. Intentaré explicarlo. El inquilino es notificado apenas unos días antes de la finalización del contrato, que éste, no será renovado. En menos de 30 días debe: juntar entre 15 y 20mil $, buscar un inmueble por el barrio,

que tenga el mismo valor del actual, conseguir una garantía de familiar directo en capital, o recorrer todas las inmobiliarias y rezar para que alguna le acepte solo recibo de sueldo, tener recibo de sueldo, tener un recibo de sueldo por un valor mucho mayor a todos los otros inquilinos que quieren ese mismo departamento, dejar una seña para que la inmobiliaria y el dueño elijan el inquilino, rezarle a todos los santos para ser elegido en este concurso por la vivienda.
Una vez elegidos, contentos de haber terminado con el periplo de buscar, y juntar la plata, llegamos a la inmobiliaria y nos ponen las peores condiciones, no hay forma de negociar absolutamente nada. Pagamos los meses de comisión que ellos quieren, a pesar de que la ley dice que deben cobrarnos menos de un mes, pagamos los aumentos que también ellos caprichosamente deciden, y cada el tiempo que ellos también quieren, firmamos contratos donde nos hacemos cargo de los arreglos de la casa, de todos los impuestos, de aquellos que nosotros consumimos y de los que no, de las expensas extraordinarias también. Si nos atrasamos un día en pagar el alquiler, pagamos los punitivos, soportamos los llamados amenazantes de la inmobiliaria. Podemos estar meses sin gas por un edificio mal construido, y nosotros seguimos pagando el alquiler, arreglando la casa, pintándola, porque al fin y al cabo es nuestro hogar, lo sentimos propio, es el lugar que nos permite desarrollar nuestra profesión, nuestra familia, nuestros sueños, nuestra vida.
La cuidamos.
Y pasan los dos años de contrato. Nos acomodamos, la sentimos familiar, y todo vuelve a empezar.
Ese plan perverso, ha vuelto.
“Alquilar se puede”
Según la Agrupación de Inquilinos, el plan presentado por el gobierno porteño, es, sin más, otra gran estafa hacia los inquilinos. Es un sistema de créditos para que el inquilino siga pagando todas estas condiciones completamente injustas, a través de un crédito bancario.
Nos endeudamos para que las inmobiliarias nos sigan robando.
Sólo hay una forma de mejorar esas condiciones: regulando el mercado, obligarlos a cumplir la ley, y sobre todas las cosas, hay que tomar una medida fundamental: extender los contratos para vivienda a cuatro años.
Con un contrato de alquiler de cuatro años, las familias construyen otro tipo de estabilidad. Construyen una relación más confiable con el dueño de la casa, el valor que se le da a la vivienda es otro, nuestros hijos no tienen que ser mudados de barrio ni de escuela, no tenemos que pagar esas altísimas comisiones cada dos años que debilitan cualquier capacidad de ahorro, etc.












