Por Ana Leguisamo Rameau. La crisis hace que las frases cotidianas nos lleven y nos traigan a tomar crudamente parte de la realidad que vivimos.
“A Dios Gracias todavía me queda arroz en la alacena” es una de esas frases armadas que dan vueltas en la cabeza para aquellos que pasamos múltiples necesidades por culpa de esta crisis en la cual este Gobierno nos hundió.
“Que la pesada herencia», «Que los corruptos anteriores», «Que los que se robaron ésto o aquello», «Que el narcotráfico”. En fin, ya nada de eso importa cuando nos tocan el bolsillo. No importa más nada si los polticos se robaron ésto o aquello. Nada suma cuando ya no tenemos para comer o cuando tenés que mirar de frente a tus hijos y debés decirle “Perdoname, no puedo llenarte el plato porque no poseo nada más en la alacena para darte”. También, cuando tu perro o gato te mira y le expresás : “Se terminaron las reservas y ahora hay que esperar” o cuando te morís de frío y no prendés la estufa porque ya no te queda dinero para pagar el gas y, de pronto, sólo te resfriás porque estás bajo un techo que parece un iglú.
Comemos mal porque no nos alcanza el dinero para adquirir un buen churrasco, unas costillitas pequeñas, o para hacer algún pastel de papa, porque la carne picada ya es inalcanzable para comprarla.
Tus amigos te ayudan pero, llega un momento, que la indignación y la vergüenza te llevan a pensar que el final está muy cerca. Abrir la llave del gas y ponerte a leer o a mirar televisión mientras esperás tu propia muerte, para muchos, ya se nos hace un hábito imaginar porque llegamos a la conclusión que la muerte será tu liberación en este difícil momento donde los políticos corruptos se la “llevan en pala” mientras vos te morís de hambre y tu familia va perdiendo la dignidad de aquello que ya no tiene y que extraña.
Mientras tanto, bajo la puerta, las facturas siguen entrando con aumento y el perro busca en la basura para ver si encuentra algún otro trozo de comida porque se ha quedado con hambre y no entiende el porqué de tanta desgracia actual.
Ésto no se llama crisis mundial, ni tampoco son cimientos de la pesada herencia. Ésto es, simplemente la ineptitud, irresponsabilidad y descaradéz de un Gobierno que no sabe ni cómo salir del pozo porque se ha ocupado, durante estos cuatro años, sólo de enriquecerse sus propios bolsillos mientras se olvidaba de todos nosotros.
Ahora ya es tarde para salir airosos en tan sólo un par de meses.












