Buenos Aires tiene diversión en todos los tonos y colores porque, cuando se abre la noche porteña, esos raros personajes diversos, salen encapuchados a través de alguna imagen ambigua para manifestar su presencia y así diferenciarse de la identidad formal que se porta en el día a día.
Baires tiene reductos sifnificativos y uno de ellos es «Ambigú», un bar ubicado en en barrio de San Nicolás, el cual fue un burdel y al cual se le conserva la escructura de aquellos tiempos de prostíbulo.
Escalera hacia arriba (muy angosta y peligrosa para las caídas para los que han perdido el training del deporte) conduce al visitante al primer piso con una barra pequeña y pocas botellas. A su costado, una cocina prepara pizzas, tartas y empanadas. Subiendo hacia los camarines la mini
escalera (cada vez más peligrosa) nos muestra transformistas , bailarines, actores y travestis, maquillándose para la noche especial de la transmutación. Estando allí, uno no sabe si (al llegar por la escalerita) encontrará artistas o mujeres prostituídas con sus clientes.
Las copas comienzan a servirse pero sorpresa nos llevamos cuando nos percatamos que los tragos deben saboreasre en frascos como hoy dicta la moda. Aquellos frascos que contenían dulce, especias, condimentos, etc. hoy son la base de la bebida que sirve este bar.
«Ambigú» es un reducto que fue reconocido por la Legislatura Porteña y nombrado como sitio cultural de la Ciudad de Buenos Aires.
La noche es fantástica, casi de verano, e invita a saborear un buen trago y ver un lindo show, entonces (a tempranas horas) el lugar está casi vacío hasta que, al
transcurrir el tiempo, la sala principal explota, se corta el aire y el oxígeno falta porque la gente no sólo se ha apropiado de todas las sillas sino porque cualquier lugar en el piso es bienvenido para tomarlo y sentarse allí. De pronto, uno ya no sabe por dónde pasar pues «Ambigú» está tomado por toda la gente loca y diversa que quiere disfrutar un buen show.
Pronto, la fiesta comienza y los artistas empiezan a desfilar por los pequeños escenarios del boliche. René, personaje que da vida Rorigo Peiretti, es la anfitriona y conductora del evento. Hombre alto con barba, maquillado y vestido de mujer, se mete entre el público y hace preguntas porque su destino está marcado por un pleno cuestionamiento retórico que le cruza la existencia. René sólo tiene preguntas, y ninguna respuesta.
Más adelante, las figuras trans desfilan por distintos escenarios. Personajes retorcidos, amargados y cómicos se debaten entre la risa, la tristeza y el sucidio.
Posteriormente, una madre con su hijo en guitarra, interpretan canciones con un dejo de blues. Esa mujer cantante sin micrófono posee un tono de voz bellísimo que embarga de color el lugar. Y así, paso a paso, siguen desfilando bailarines, abuelas trasvestidas, mujeres gays, y hasta rituales de tambores que nos recuerdan a algún sonido misterioso y temeroso del rito negro de la noche. René enseña la ceremonia de la ablación (extirpación del clítoris en la mujer).
Los dorados años de los ´90 se ven plasmados en la música que, al principio invita y suena en el local. Imagenes humanas con formas andróginas, mitad hombre, mitad mujer, son la vedette de la noche diversa en «Ambigú»
Ana Leguisamo Rameau
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