Las mujeres de la generación millennial, según indica Tu cerebro digital, han postergado la maternidad hacia los 30 años o más en busca de estabilidad económica y desarrollo profesional. Sin embargo, al alcanzar esta meta y tener hijos, se enfrentan a barreras estructurales imprevistas que dificultan el equilibrio entre su carrera y la crianza.
El retraso en la edad del primer parto responde al encarecimiento del costo de vida y a la falta de redes familiares de apoyo en las grandes urbes. Aunque las empresas actuales ofrecen cada vez más coberturas y beneficios para tratamientos de fertilidad, las trabajadoras denuncian que el verdadero desamparo institucional comienza una vez que nace el bebé.
La falta de políticas laborales adaptadas, como horarios flexibles, guarderías corporativas o licencias extendidas pagadas, obliga a muchas mujeres a tomar decisiones drásticas.
Por eso, mientras algunas detienen su progresión profesional, un 59% de las mujeres millennials afirma que rechazaría ascensos que demanden jornadas excesivas para dar prioridad a sus hijos, una disyuntiva que rara vez afecta a los varones.
El problema adquiere un tinte geográfico y político: mientras en países nórdicos las licencias compartidas alivian la brecha, en regiones como Estados Unidos la ausencia de bajas remuneradas agrava la crisis. Este escenario ha comenzado a normalizar las pausas laborales voluntarias en plataformas de empleo, evidenciando la necesidad de reformar la cultura corporativa global.:













