De tener la vida medianamente organizada nos encontramos en la calle. De tener la posibilidad de llegar a fin de mes con nuestros compromisos pagos, meta que nos intranquiliza a más de uno, sentimos que todo se desmorona. El impacto es shockeante, no logrando asumir la realidad para reencontrarnos.
No podemos cuestionar si la situación es o no justa, dado que opino que la justicia no siempre existe. Sin explicación alguna nos hallamos del otro lado de la puerta, por donde todos los días hemos ingresado para dejar lo mejor de nosotros.
Convengamos que en la actualidad obtener una actividad laboral, es decir un lugar dentro de una empresa o establecimiento que nos reditúe un salario no es tarea simple.
Al margen de nuestro cansancio al que le sumamos nuestra mejor predisposición como así también actitud, sin aviso previo sentimos que estamos en la nada misma.
Sin interesarle a quien tomó tal decisión nada sobre nosotros, de nuestros compromisos que debemos cumplir, cómo lo resolveremos, como así también dejan de lado o restan nuestro estado de ánimo, es decir nuestro dolor, angustia y por qué no desesperación por haberse roto ilusiones que teníamos dentro.
Ilusiones que concretaríamos con la familia que hemos formado, ahora cómo explicarles, qué decirles a ellos que esperan tanto de nosotros.
Volver a empezar… de nuevo a la búsqueda de una nueva actividad que nos ayude a subsistir.
Mercedes Giangrande












