Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA muestra que el 83,5% de los asalariados enfrenta restricciones alimentarias durante su jornada laboral.
Muchos se saltean comidas por razones económicas o terminan optando por alimentos ultraprocesados y poco nutritivos.
El 61,1% reconoce que se saltea comidas por razones económicas.
El 78,5% opta por alimentos de menor calidad, como comida rápida o ultraprocesada.
Resolver el almuerzo también tiene un costo: la mayoría gasta entre $5.000 y $10.000 por día, un monto que pesa especialmente para quienes ganan menos de $800.000 mensuales.
El problema golpea más fuerte a jóvenes, empleados públicos y trabajadores con salarios más bajos. Además, menos de la mitad recibe algún aporte de su empleador para alimentarse durante la jornada.
De este modo, ocho de cada diez trabajadores cambió sus hábitos alimenticios en el trabajo. Es decir, quienes salen a trabajar y pasan fuera de su casa buena parte del día comenzaron a saltearse comidas para no incurrir en mayores gastos. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA) advierte que más del 80 por ciento de los asalariados dejó parcialmente o totalmente de comer durante la jornada laboral.
La encuesta analiza el entorno laboral y la infraestructura de las empresas para procurar que sus trabajadores tengan una alimentación saludable. En ese aspecto, el 41,5 por ciento de los encuestados almuerza en su escritorio y el 32,3 lo hace en soledad. Ahí también impacta el tipo de trabajo: “El teletrabajo se asocia con alimentación en soledad (77%), mientras lo presencial facilita, pero no garantiza, la interacción”.
Para ecrrar, entre quienes valorarían tener ese derecho (un 80,4% de los encuestados) están sobre todo los trabajadores de la construcción (90,1%), los jóvenes (84,9%) y quienes ya enfrentan vulnerabilidad alimentaria (91,5%).













