Por: Mora Violante. En el marco del día del árbol, que se celebró cada 29 de agosto con el objetivo de promover la importancia de este tipo recursos para el planeta, pensamos sobre su impacto en las ciudades.
En la vereda, en los parques y en las plazas los árboles son protagonistas del paisaje y del ecosistema que habitamos. “El atenuador de todos los males urbanos que tenemos”, enfatiza Fabio Marquez, licenciado en diseño de paisaje con posgrado en patrimonio. Y es que los árboles refugian de las altas temperaturas y protegen de las lluvias, amortiguan la contaminación sonora – ya que evitan el rebote en construcciones- y visual, oxigenan el aire y, también, retienen polvo microparticulado proveniente de la quema de combustible fósil de los vehículos automotores y mitigan el efecto isla de calor.
La presencia o no de árboles se nota a simple vista. La diferencia de temperatura en las calles puede variar entre 3°, 4° y 5° grados, por lo cual la planificación de qué tipo de árbol se plantará es fundamental. “Además de reducir la temperatura por producir sombra, reducir la contaminación del aire y la contaminación acústica, también ralentiza la caída de agua de lluvia”, agrega Marquez, que explica que un árbol sano con una copa frondosa puede retener hasta 500 litros de agua. De esta forma, se pueden evitar problemas de inundación.
No hay que olvidar su función estética y ornamental: “Los espacios urbanos bien arbolados son percibidos por la población como algo grato y eso además mejora el ánimo de las personas”, detalla Marquez. Gisel Levit Maestranda en Planificación y gestión de ciudades, arquitecta urbanista, también se refiere no solo a los beneficios ambientales más conocidos, sino también al resto de los impactos que puede generar: “Tiene que ver con una sensación de amabilidad, de vitalidad, de calidez, de sentido estético y agradable para las personas”. A su vez explica que el verde urbano también impacta de forma directa en la salud mental.
Un dato muy interesante, es que, según detalla el paisajista, los árboles emiten iones negativos que hacen bien a la conductividad eléctrica de las personas, ya que contrarrestan los iones positivos que, por ejemplo, producen los artefactos electrónicos.
“Es una cuestion indispensable, pero no para el calentamiento global, para cualquier cosa del impacto cotidiano de la vida en la ciudad”, sintetiza Levit que también es docente de urbanismo en Facultad de Arquitectura (UNR) y dirige el estudio Gregaria especialistas en Innovación Urbana.
En muchos lugares hay una escasez de árboles lo que influye directamente con las temperaturas y demás cuestiones ambientales tanto en verano como en invierno. De todos modos, a veces sucede que al momento de plantar nuevos árboles, se elige quitar parte del espacio de las veredas, lo que termina por sacrificar ciertas actividades que suceden en ese entorno. Levit analiza que en esos casos es necesario evaluar la posibilidad de sacarle espacio a los autos, parte del modelo de ciudades al que se espera apuntar en un futuro cercano.
La elección de los árboles también es un punto muy interesante: debido a que los árboles son refugio de fauna Silvestre, se vuelve fundamental que el arbolado de la ciudad sea de perteneciente flora nativa local.
¿Cuál es la situación actual?
En la Ciudad de Buenos Aires se realizó un censo en el año 2018 que relevó que en las veredas y plazas porteñas habitan unos 431.326 árboles de 423 especies botánicas y más de 250 arbóreas.
“La situación del arbolado urbano no es buena y el cuidado de las que tenemos en general no está bien manejado” reflexiona Marquez, que explica que hay podas excesivas, descuido en el corte de raíces cuando se realizan obras de infraestructura subterránea.
También, y en relación a lo mencionado sobre la importancia de la elección de la especie, indica que en muchos casos, todavía sigue la plantación de especies exóticas.
En este sentido, analiza sobre la falta de políticas públicas y de planes a futuro sobre el arbolado urbano, el cual entiende como un compromiso más ético que legal. “Los árboles que podemos disfrutar hoy fueron plantados hace décadas”, destaca.
Por su parte, en Rosario, Gisel observa una situación similar: “Nosotros hicimos un relevamiento en el área metropolitana de Rosario, y encontramos que hay muchos parques o espacios llamados parques o plazas que no tienen suficiente arbolado”.
Más allá de lo estético y natural
A su vez, los árboles entonces no solo son parte del paisaje urbano a nivel estético, sino que también son fundamentales para delimitar recorridos y trayectos. “Uno puede identificar una calle por un estilo de arbolado con otro, puede generar caminos y recorridos que sean más amables de transitar”, puntualiza Levit.
En ese sentido, hoy en día y con el auge del transporte sostenible a partir de la pandemia, los árboles son testigos y partes del recorrido. Sin embargo, para quienes utilizan el colectivo, el subte o auto muchas veces lo que sucede afuera es una experiencia sensible que se pierde.
Árboles legendarios
En el último tiempo diversas especies de parques y plazas fueron podadas y así también parte de la historia de aquel lugar. Espacio de encuentro, lugar de juego y símbolo de identidad desaparece tras años de historia.
“El árbol aniego forma parte de la identidad de las personas, de la identidad del lugar, de la calle, de un parque, realmente quitarlo es una pena ambiental y a la identidad de la ciudadanía”, afirma Levit. En ese sentido, hay árboles con muchos años de vida que han formado parte de la historia de un barrio y, por lo tanto, de cientos de miles de personas. “Aquellos árboles que tienen esta carga simbólica que la podamos mantener es muy importante porque son hitos de la ciudad, referencia para la gente que los ha transitado, que los ha visto, que han pasado cosas alrededor”.
Según describe Marquez, hay un vacío en relación a la protección o el manejo de los árboles. A veces hay declaraciones enunciativas que no definen qué significa que sea “monumento natural”, “árbol histórico”. Además, aquellos en entornos privados no cuentan con ningún tipo de manejo o protección particular. Fabio ejemplifica que, en otros países, en caso de contar con un árbol notable en un espacio privado, ya sea una residencia, un club o una escuela, ese árbol es considerado un bien público. “Nos falta una legislación que claramente definan quién, cómo, de qué manera se actúa para preservar árboles históricos añosos”, sostiene.
La próxima vez que salgas a caminar, entonces, levantá la vista y observá el arbolado que te rodea y la historia que marca en el barrio en el que vivís.













