Por Mercedes Giangrande. La reacción es un impulso, el cual debe ser controlado para que cada uno lo desarrolle positivamente. No sólo a nivel individual sino también empresarial. Por momentos las empresas encuentra la solución al problema de base, sin pensar cómo lo resolverá el afectado al mismo.
Cada uno de nosotros reaccionamos de un modo diferente. Teniendo en cuenta la situación a la que debemos abordar. Sin dejar de lado la coherencia por más difícil que nos resulte la actitud de quien la manifiesta.
Dado que si nos dejamos llevar por los impulsos el resultado puede concluir de manera trágica. Es sabido que nada es color de rosas. Más allá que esbocemos una sonrisa algo pasa por nuestro interior que nos pude llegar a preocupar.
Las discusiones de pronto abundan entendiendo por ellas intercambio de opiniones, no elevar el tono de voz y mucho menos alzar una mano de modo agresivo.
Siendo de conocimiento público los distintos casos en que por no medir sus instintos, sus actitudes conllevan a una pelea desmedida en donde un individuo pierde la vida. No habiendo ya vuelta atrás.
¿Por qué no pensar antes de actuar? En vez de permitirse acrecentar la furia, comportarse como seres humanos, optando por la calma. Siendo también posible la solución buscada.












