Luego de días de festejos, feriados de ir y venir hacia espacios dedicados a la música, e inclusive la duda del día que se transita, este domingo caluroso, la noticia se escapó de las manos, y así transcurrió un domingo más, hasta que un mensaje sombrío dado por un maestro del fuelle, en la página cayó como un balde de agua helada. Luego, la expresión más sencilla de asombro al no querer creer lo que se lee. Falleció el Maestro Leopoldo Federico. Así, sin otra alternativa, sin tiempo para ir corriendo y sacar una entrada para verlo en un viejo y cerrado Teatro, como el Presidente Alvear o llegar hasta el Tasso, aunque termine tarde y después no hay como regresar a casa, por el miedo que nos han metido en la sangre como una condena, «Y ahora qué?», nos preguntamos. Leopoldo Federcio dedicó toda la vida dedicada a su pasión: Su bandoneón Su Tango. Participó con los grandes del tango, con los mejores. Hará falta dar nombres?
Quizás sí, varias generaciones no lo habrán visto o escuchado, pero Don Leopoldo, transito con Mariano Mores, Di Sarli o el Señor del Tango, Horacio Salgán, con Astor Piazzolla,y muchos otros .Grandes que poco a se han ido y el tango se va quedando medio huérfano. Sus guardianes la fueron remando y llevando el tango y su sentir a todos lados, el mundo disfruta su música y nosotros los valoramos?
Por qué como se suele decir: El que pega primero pega des veces! Y todos los que se van yendo fueron y serán los artífices de la música de la ciudad de Buenos Aires.
Hay que estar atento, tan acostumbrados estamos a verlos pasar por la esquina de Lavalle, ahí donde está la sede de los músicos y autores, sentados en un café, charlando de sus cosas , o correr para llegar a la Academia a disfrutar de una charla y cruzar al Maestro Ferrer y decirle: Hola Maestro:¿ cómo está?
Ya no se podrá tener semejante oportunidad, no llegará de sorpresa Don Leopoldo a saludar al Maestro Anconettane y tocar junto a él y la orquesta de acordoneonistas en la Casa de Italia en Boedo y estar ahí, poder saludarlo y sentir su sonrisa amable en un saludo.
Quizás en el cielo, los ángeles hacen fila para tomar clases de bandoneón y letras para hacer su mejor tango.
Foto La Net
Azucena Cerundolo















