Màs graffitis sorprenden en Palermo, màs aùn, al visitar la calle Nicaragua. Allì, desde el radio de la placita Armenia (en un tramo de dos cuadras) donde el turista puede impactarse y deleitarse con la multiplicidad de colores tanto en la facha frente de las cosas como asì tambièn desde los negocios.
El graffiti permite identificar a distintos grupos juveniles. Para Javier Clemente, crítico de arte urbano y diseñador de indumentaria, estos grupos han logrado desarrollar, a partir de su ideología, un lenguaje interno de grafismo como verdaderos artistas urbanos que van buscando nuevas variantes de expresión. Clemente sitúa al graffiti como emergente de un conjunto complejo de condiciones: la localización específica, la influencia social, la situación política, los acontecimientos personales del autor. Todos estos factores coinciden en un momento concreto, definiendo lo que la pieza artística desea transmitirle al espectador.
Ilustrando esta situación, el joven Eduardo Greco (15) cuenta que hoy se siente cómodo practicando Parkour, una técnica de desplazamiento en grupo, pero que sin embargo, sigue juntándose con sus anteriores amigos Skaters y que está comenzando a incursionar en el arte del graffiti en su habitación, en el colegio o en la calle. No obstante, su alto valor estético, resultan ser ilegibles para gran parte de la población. Y esto ha detonado algunas políticas públicas dirigidas a reducir tal tipo de expresiones callejeras, tal como ha hecho el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con su Unidad Anti-graffitis, que sale a la calle a eliminar todo rastro posible de ellos.
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