Vivir con todas las letras, disfrutar el día a día con tranquilidad, sin tener que pensar cómo resolver tal o cual problema. Hay momentos en que atravesamos por rachas las que nos resultan interminables. Entiendo que son pruebas por las que debemos atravesar, como así también sostengo que nos cansamos de dar examen preguntándonos hasta cuándo. A lo largo de la vida están dadas todas las posibilidades, tanto de sonreír como de entristecernos.
De la nada nos enteramos que un ser muy allegado como así también querido por nosotros le ha tocado sobrellevar una enfermedad riesgosa de transitar. Ser de corta edad por quien no dejamos de pedirle a nuestro superior por su recuperación, de traspasarle la mayor energía posible sumándole todo nuestro amor.
A los pocos días a otro allegado a nosotros se le incendia parte de su vivienda, estando con su familia dentro de la misma. Familiares que atraviesan por el bendito sismo, el que más allá de estar acostumbrados a vivirlo, no dejamos de intranquilizarnos.
Creemos estar soñando no obstante sabemos que es parte de nuestra realidad, realidad difícil que desde nuestro lugar de adulto nos lleva a transmitir seguridad a cada uno de ellos. Agregándole toda la fuerza posible, experiencias que más allá de nuestros sentimientos nos hacen crecer.
Mercedes Giangrande












