Este miércoles 4 de noviembre a las 12 h se presenta en la Casa Fernández Blanco (Hipólito Yrigoyen 1420), una de las sedes del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, la exposición “Double vintage, de este lado del retrato”, ilusión y realidad en dos obras de Fernando García del Molino, en el marco de la Semana del Patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires.
La muestra, con curaduría de Patricio López Méndez, se centra en el concepto museológico que combina imágenes artísticas con los objetos reales representados en ellas. En esta oportunidad, la Casa Fernández Blanco presenta dos valiosas donaciones, cada una integrada por un retrato del siglo XIX realizado por Fernando García del Molino y los objetos originales representados en él.
El primer conjunto incluye el retrato burgués de cuerpo entero de Felisa Bellido de Onrubia (1850) junto con sus joyas, un sahumador de plata, una botella de porcelana y un fragmento de su vestido. El segundo reúne el retrato póstumo de María Dolores García de Ponte de Pereda (1856) acompañado de su sillón isabelino, una consola Luis Felipe con porcelana, un pañuelo bordado y sus escarpines de bodaa.
“Double vintage, de este lado del retrato”
Ilusión y realidad en dos obras de Fernando García del Molino
Durante el siglo XIX, los retratos al óleo actuaban como una suerte de álbum de los acontecimientos fundamentales en la vida familiar. Eran socialmente necesarios para registrar matrimonios, madres con sus hijos, hombres jóvenes que se alejaban del hogar paterno o un padre de familia que acababa de acceder a un cargo de mayor jerarquía. Muy especialmente, la pérdida de un ser querido solía demandar también un registro.
María Dolores García de Ponte y Ferragut nació en Buenos Aires hacia 1787 y contrajo matrimonio con Celedonio Pereda Bustillo el 24 de mayo de 1815. De esta boda aún se conserva el par de escarpines de seda que lució la novia. Murió en 1856 y, tal como lo revela su apariencia en su retrato, fue pintada después de su fallecimiento por Fernando García del Molino (1813-1899). Para sus retratos de difuntos este artista pionero utilizó dos métodos: tomar como base algún retrato miniatura preexistente o sacar apuntes frente al cuerpo sentado, vestido de etiqueta y rodeado por sus objetos más preciados y que más lo identificaban.
Tan solicitados como los anteriores fueron los retratos de jovencitas en edad de contraer matrimonio. Para 1855, Felisa Bellido, de 18 años, vivía con su padre, el estanciero Dámaso Bellido y Suárez, y la tía Pascuala en el número 277 de la calle Potosí, a metros de donde vivían los Suárez Lacasa, familia materna del fundador del Museo Fernández Blanco. La cercanía y los vínculos de parentesco propiciaron la participación de la red familiar en la crianza de una joven huérfana de madre. Es probable que otra forma de colaboración haya sido hacer retratar a esta niña casadera, heredera universal de su padre, por el pintor preferido de los Suárez Lacasa, Fernando García del Molino. En efecto, Felisa Bellido se casó primero con Vicente Rosa Pons, quien falleció en 1868 y, en 1873, volvió a casarse, esta vez con el dramaturgo Emilio de Onrubia. La práctica de presentar en sociedad a una joven heredera a través de un retrato de porte, rodeada por objetos de prestigio, cumplió su objetivo.
En estos retratos de García del Molino se pueden descubrir objetos tratados con máximo detalle, frente a otros esbozados y convencionales. Luces y sombras en las texturas de tejidos o el brillo de la laca en un mueble dan cuenta de cuáles elementos son producto de la imaginación del artista y cuáles copiados del original. Gracias a la generosidad de las familias donantes Racedo de Bary Pereda y García de Onrubia, la Casa Fernández Blanco presenta hoy estos retratos de c. 1850 y 1856, junto a varios de los muebles, alhajas y accesorios que aparecen en ellos. Esta coincidencia, comúnmente llamada double vintage, permite constatar algunas conclusiones respecto de las técnicas y oficio de un pintor y enriquecer el valor testimonial de los objetos al poder ser “doblemente leídos” en la bidimensionalidad de la pintura y, de este lado del retrato, en la tridimensión material del presente.
Isaac Fernández Blanco y la Casa Fernández Blanco
Durante su larga estancia en Europa, Isaac Fernández Blanco (1862-1928) encauzó su vocación de coleccionista en la adquisición de instrumentos musicales antiguos. A su regreso a Buenos Aires, en 1901, encargó al gran arquitecto noruego Alejandro Christophersen la ampliación y remodelación de la casa familiar, considerada hoy la única mansión de estilo ecléctico de fines del XIX que queda en el viejo barrio sur de Monserrat, con características de palacete neorrenacentista. Pronto sus salones fueron invadidos por los objetos rescatados del acervo familiar, tales como abanicos, peinetones, documentos y retratos del período federal, entre otros. Recorrió el norte argentino y Bolivia, conformando las mejores colecciones de platería colonial sudamericana del siglo XVIII y argentina del siglo XIX que se conocieran hasta ese momento. Desde entonces, abrió su casa en horarios especiales para visitantes y en septiembre de 1921 decidió hacer de ella el primer museo privado de Argentina. Al año siguiente, tras una venta simbólica de la casa a la comuna de la Ciudad, entregó la totalidad de su colección, bajo la condición de que el museo llevase su nombre. A su muerte en 1928, el museo contaba con más de 9.500 piezas. En la actualidad, la Casa Fernández Blanco continúa honrando su legado, a través de la puesta en valor y difusión de sus colecciones, con una marcada dedicación a las artes aplicadas de los siglos XIX y XX, particularmente aquellas vinculadas a la Belle Époque.
CASA FERNÁNDEZ BLANCO
Hipólito Yrigoyen 1420, barrio de Monserrat
Horario: lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 19 h. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20 h. Martes cerrado.
Entrada: $10.000: Público general | $2.000: Residentes argentinos y/o extranjeros con DNI | Miércoles sin cargo para residentes | Jubilados, excombatientes de Malvinas, estudiantes universitarios presentando acreditación, personas con discapacidad más un acompañante, menores de 12 años y grupos de estudiantes de colegios públicos, sin cargo todos los días.













