Fanny del Valle Chamorro, una paramédica trans cuyas apariciones en la prensa popular de los ’80 tiene un lugar destacado en la muestra «Amorales» del Museo del Libro y de la Lengua, recordó que en aquellos años de criminalización y persecución policial «todos los viernes y sábados había muertas» trans en las autopistas, que las sobrevivientes denunciaban en protestas callejeras y notas periodísticas.
El video de una entrevista a Chamorro es parte de la exhibición, y allí cuenta que la conmovió muchísimo volver a encontrarse con esas coberturas mediáticas 40 años después, en particular con unas imágenes donde se la puede ver junto a otras travestis cargando el ataúd de una amiga asesinada y arrojada a la Panamericana: hoy todas esas compañeras excepto una están fallecidas y, al no tener noticias suyas, la habían dado también por muerta a Fanny a quien le habían perdido el rastro cuando se fue a Europa.
«Me quise morir. Ahí empecé a recordar. Recordé todo, empecé a preguntar: ¿qué sabés de la vida de…? Hablé con Perica… ¿Y la fulana? ¿Y la Bárbara? ¿Y la Daiana? ¿Y la Carlita? ‘Están todas muertas’ me dijo. Ay, digo, no pregunto más. Y me dio mucha tristeza no saber cuándo murieron, ni dónde, ni por qué… Después fui enterándome», cuenta en la entrevista.
Nacida hace 60 años en la localidad santafesina de San Justo, Fanny emigró a Buenos Aires en 1980, cuando tenía apenas 17 años y ya había empezado su transición.
«Pasé todo lo peor, por eso no hay mucha sobrevivientes de mi época, porque donde te veían, te llevaban presa. Yo nunca ejercí la prostitución, pero sí peleé por mis pares y las ayudaba cuando estaban presas», dijo a Télam.
Foto Gentileza: Agencia Télam
«Como yo estudiaba, me buscaban para que les escriba los petitorios y una vez estuvimos en Plaza de Mayo protestando porque mataban todos los días a una. Terminamos todas ensangrentadas y con balas de goma en las piernas, pero llegué a entregarle el petitorio al presidente del Concejo Deliberante», recordó.
De la foto que la muestra transportando el féretro de Nancy, y que fue tapa de la revista «Esto» en agosto de 1987, Fanny cuenta que «verme de nuevo me hizo mucho mal» aunque, transcurrido el tiempo, hoy considera valiosos estos documentos porque demuestran «que no estamos inventando, que esto existió, es una gran verdad y somos pocas las que estamos vivas para contarla».
«La otra vez dos chicas trans de 33 y 42 años me besaban las manos y lloraban porque escucharon mi testimonio. Yo les dije que necesito que lo que yo pasé ellas se los digan a la otra generación para que sepan que tienen una vida soñada que nosotras no pudimos tener», dijo.
Foto Gentileza: Agencia Télam
A Nancy -quien según la revista era la víctima de «travesticidio» Nº 15- la había conocido de cuando iba a ver a la murga «Los caprichosos de Villa Martelli».
«Esa noche (de 1987) veníamos de bailar de Camino de Cintura con Perica, con un remisero que nos llevaba a todos lados, y ahí vimos toda la secuencia. No vimos puntualmente cuando la mataron, pero vimos que un Falcon verde la tiró (a la Panamericana», dijo.
Recordó que a Nancy la velaron en su casa, porque en esa época las compañeras travestis eran su única familia disponible para compartir cumpleaños, Navidades y también los velorios.
«Éramos muchas y nos llevaron presas a la mitad de las que fuimos a sepultarla al Cementerio de Benavídez», afirmó.
Foto Gentileza: Agencia Télam
Sobre la autoría de esos asesinatos, Fanny no tiene duda: «era la policía».
«No te digo que habrá habido un cliente loco también, pero las muertas de los años ’80 eran obra de la policía. Recuerdo que llegaban donde estábamos y nos decían -deténgase ahí, y como nadie quería que la tuvieran presa 30 o 60 días, corríamos y entonces te tiraban un tiro o te atropellaba un auto. Yo lo viví eso», contó.
Víctimas de exclusión sistemática, a las personas trans no se les respetaba el derecho a la identidad ni siquiera en su lápida.
«Si los familiares no firmaban para retirar los cuerpos de las compañeras muertas, las podíamos enterrar con su nombre elegido. Me ha tocado ir a buscar familiares y que me digan: – no, el negro ya murió hace rato para nosotras, así que no nos pidan nada. Entonces nosotros pagábamos a la cochería y la enterrábamos con el nombre que queríamos», concluyó. © Agencia Télam.



















